La renovación de la Iglesia es tarea de todos. José Ma. Castillo

(Tomado de ATRIO.

http://www.atrio.org   )

La renovación de la iglesia es tarea de todos

José Mª Castillo, 31-Marzo-2013

CastilloEl papa Francisco, por las cosas que ha dicho desde el día que fue elegido y, más aún, por su llamativa forma humilde y sencilla de presentarse en público (ya desde que era arzobispo de Buenos Aires), ha despertado tales expectativas de renovación en la Iglesia, que, con razón, se ha visto en él una evocación de Juan XXIII. El reciente libro de José Manuel Vidal y Jesús Bastante dejan muy claro este aspecto del nuevo papa. Por no hablar de los interminables comentarios, en el mismo sentido, que los medios difunden a diario y que, en cantidades asombrosas, circulan por la red. Es evidente que son muchos los católicos que ven la renovación de la Iglesia, no sólo como una posibilidad, sino incluso como una probabilidad cercana.

Nadie va a poner en duda que esta posible (incluso probable) renovación de la Iglesia es una esperanza excelente, que se debe fomentar en todo cuanto esté a nuestro alcance. Pero, ¡atención!, que esta esperanza de renovación está erizada de amenazas y peligros, que no son ninguna tontería. Ni son, desde luego, problemas imaginarios.

Para empezar, lo más importante de todo es que la renovación de la Iglesia no depende sólo del papa. Por más genial que sea este hombre, por más evangélicamente que viva y por más original y firme que sea en la toma de sus decisiones, la Iglesia es tan enorme, tan compleja y, en no pocos e importantes asuntos, una institución tan complicada, que un solo hombre no puede (ni podrá) renovar la Iglesia como la Iglesia necesita ser renovada, en este momento y tal como están las cosas.

No nos hagamos, pues, falsas ilusiones. La renovación de la Iglesia depende, por supuesto y en medida destacada, de lo que diga y haga el papa. Como depende también lógicamente de la Curia Vaticana. Pero, si es que hablamos en serio de renovación de la Iglesia, no olvidemos nunca que la Iglesia somos todos. Y, por tanto, de todos depende la tan esperada y ansiada renovación.

Al decir esto, no soy tan ingenuo como para estar imaginando que los más de mil millones de creyentes, que formamos parte de la Iglesia, vamos a cambiar de la noche a la mañana. Y así “tendremos servida” la deseada renovación. Es seguro que, si el papa cambia – en su estilo de vida y en sus enseñanzas – la Iglesia cambia y se renueva. Pero, tan seguro como eso, es que, si lo que los católicos esperamos del papa es que diga y haga lo que a cada uno nos conviene o nos interesa, en ese caso el poder renovador del papa quedará limitado, en no pocos asuntos. Y en cosas muy importantes, nosotros seremos los primeros en anular los mejores intentos del nuevo papa.

Hablemos claro y concreto. Si, por ejemplo, los teólogos que hemos sido censurados o incluso apartados de nuestros cargos de enseñanza en seminarios o centros superiores de estudios eclesiásticos, lo que esperamos y queremos del nuevo papa es que nos restituya, en la “¡dignidad perdida!”, mal servicio le haremos a la Iglesia.

En la Iglesia llevamos décadas en las que ha sido difícil la convivencia. Nos hemos dividido, nos hemos enfrentado, nos hemos hecho daño unos a otros. Con frecuencia, los que hemos tenido algo de poder (aunque haya sido poco, como creo que es mi caso), seguramente hemos dicho o hecho cosas que han causado sufrimiento y han humillado a otras personas. Si ahora yo espero una renovación de la Iglesia, que consistiría en que el papa me dé a mí la razón y se la quite a los que no piensan como yo, con semejante esperanza no busco, desde luego, la renovación de la Iglesia. Lo que buscaría, en ese supuesto, sería mi propia promoción, mi triunfo sobre los demás. Con lo cual, lo que haría es el más repugnante servicio que se le puede hacer a la causa de Jesús y su Evangelio. Y eso es el peor servicio que se le puede hacer a la Iglesia.

Como es lógico, lo que estoy diciendo debería ser aplicado, con libertad, audacia y transparencia, lo mismo a los grupos progresistas que a los conservadores. Lo mismo a los que quieren más “observancia” que a los que luchan para que en la Iglesia haya más “libertad”. En unos y en otros, creo yo, es el respeto, la tolerancia y la bondad los comportamientos que harán posible una Iglesia que se vaya capacitando para bajar, descender, acercarse a los millones de criaturas que no pretenden estar por encima de nadie, sino sencillamente vivir en paz, con honradez, con apertura mental ante las ideas o proyectos de los otros y, sobre todo, una Iglesia cercana a los últimos, identificada con los que menos tienen, acogedora siempre y con todos, tengan las ideas que tengan y crean en las creencias que cada cual ha podido asumir en su vida. Casa día que pasa, veo esto más claro. Todos sabemos que, en los dos últimos papados, anteriores a Francisco, los grupos más conservadores, precisamente porque la mayoría de los obispos era con esos grupos con los que contaban de manera incondicional, tales grupos han gozados de la cercanía de Roma, de muchos e importantes cargos de la Curia y, por supuesto, del favor de tantos y tantos obispos. Al tiempo que otros grupos – pienso en las comunidades y teólogos afines a la Teología de la Liberación – se han sentido olvidados o, al menos, marginados. Pues bien, si ahora lo que esperamos del nuevo papa es que, en unos casos se mantengan los privilegios o, en otros, se organicen revanchas, más o menos disimuladas, lo que haremos es que, en lugar de colaborar activamente en la renovación de la Iglesia, nos dedicaremos a la indeseable tarea de poner palos en las ruedas del carro de esta Iglesia a la que decimos que amamos, pero a la que en realidad hemos amado mientras ella nos ha mantenido en el candelero.

El fondo del problema está en que la “lógica de la renovación” de la Iglesia no es la “lógica de la razón”, sino la “lógica del Evangelio”, que es paradójicamente la “lógica del caos”. El “desorden” que Jesús provocó con su conducta, con sus conflictos frente al Templo y los dirigentes religiosos de su tiempo. La conducta evangélica que se tradujo en el “miedo a la bondad” y el “miedo a la ternura” que el papa Francisco les dijo a los Jefes de Estado (en la misa de su nombramiento oficial) que tenían que superar.

Por supuesto, que sólo con bondad no se gobierna ni se arreglan las cosas. A veces, hay que tomar decisiones dolorosas. Pero que las tome quien las tiene que tomar. Si cada cual pretende “tomarse la justicia por su mano” y que el papa le dé la razón a él, a sus ideas y a sus intereses, entre todos haremos fracasar a este papa y a todos los “franciscos” que se nos interpongan en el torpe y desorientado camino de nuestros fanatismos. El camino que muchos hemos llevado, incluso con estúpido orgullo, hasta este momento.

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Cotija. Benjamín González Oregel

Puebleando. Cotija, “donde la garganta está más ensanchada”

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Ha sido tierra de trotamundos y emigrantes

(Primera  parte)

Cotija de la Paz, Mich., —  Hay quien asegura que esta Cotija de la Paz  –que es ciudad tras una visita que realizó, el 23 de abril de 1896, el gobernador del Estado, Aristeo Mercado,  quien  decretó que a partir del 5 de mayo de ese año se le otorgara el título de ciudad, con  el apellido de la Paz–, ha pasado de ser “tierra de arrieros”, a “tierra de emigrantes”, comprobada la fama de “trotamundos” –como la definió el presbítero don José Romero Vargas–,  que con creces han ganado sus hijos, a lo largo de su historia.

Se afirma que el nombre Cotija se originó en el término chichimeca –sin poder comprobar que hayan existido y habitado en esta parte de Michoacán miembros de esta tribu–, cutixani, que quiere decir “lugar donde la garganta está más ensanchada”. Ignoro, como la mayoría de los que aquí habitan, si en el concepto tuvieron que ver las condiciones orográficas del valle, si éste es visto desde lo alto. Si se accede desde la comunidad de San Francisco, por ejemplo, se percibe la intención de que los primeros pobladores de lo que hoy es una próspera población, era la de protegerla, de esconderla; como si hubiesen pretendido conservarla para ellos solos.

De tendajón en tendajón

Con el paso de los años y el natural crecimiento de la comunidad, la palpable escasez  de terrenos fértiles en la cantidad  requerida, forzó a sus habitantes a ganarse la vida por esos pueblos y caminos de Dios. Se cuenta que los cotijenses recorrían comunidades, pueblos y ciudades del Estado y el país. Lo hacían de tendajón en tendajón y hasta de puerta en puerta, con tal de ofrecer sus mercancías. Llevaban, naturalmente,  los productos lácteos –quesos principalmente–, dada la demanda que tenían entre los habitantes de otras comunidades, en viajes tan intermitentes como los eventuales; que eventuales  clientes sugerían y trazaban. Además, recibían encargos y comisiones de parte de quienes requerían de sus servicios.  Esto los obligó a, mediante el cobro por los servicios que prestaban, actuar como mensajeros. Hicieron las veces de carteros. Hoy no son pocos los aquí nacidos que han emigrado, y emigran, a otras ciudades y al extranjero, a ganarse el pan de cada día.

Breve reseña histórica   

Ahora sabemos que durante los primeros años del dominio español, tras la llegada de los europeos al mando de Cristóbal de Olid, este territorio –sobresalía Tacátzcuaro– formó parte de la encomienda de Terecuato –Tepehuacán–, concedida a don Antonio de Caicedo. Y que, una vez concedidos, nombramiento y mercedes al esposo de doña Marina Montes de Oca –primero, y luego al morir don Antonio, de Chávez–, don Melchor Manzo consiguió merced real para la explotación de ganado mayor. Unos años más tarde, el Virrey de la Nueva España, don Luis de Velasco, padre, autorizó que familias españolas se asentaran en el valle, lo que dio origen a una congregación dentro del corregimiento de Tingüindín.

Esto ocurrió antes de  1575 y 1576 –de ser cierta la fecha aquí anotada, fue el virrey Martín Enríquez de Almanza quien otorgó las mercedes, pues gobernó del 5 de noviembre de 1568 al 4 de octubre de 1580–, en un sitio cercano a un cristalino riachuelo que después llamaron el río Claro. En el lugar escogido,  don Melchor Manzo de Corona construyó su casa. Con él llegaron, también, su esposa doña Juana Pérez, así como sus hijos Melchor y Leonor. Además de algunos indígenas, como Juan Alonso, nacido en Tacátzcuaro.

La ganadería, la fuente de vida

Unos años más tarde, entre 1581 y 1595, se establecieron alrededor de esta estancia otros once colonos españoles. Algunos edificaron sus casas y, con perseverancia,  se dedicaron, principalmente, a la ganadería. Al transcurrir  los años y atraídos por el buen clima y la belleza de la zona, se fueron avecindado otras familias españolas, previa concesión de mercedes reales para la explotación de ganado mayor. Para  entonces se le conocía como El Rincón de Cotixa y la estancia de don Melchor Manzo era considerada como la cabecera o centro de las demás. Por esta razón en ella se construyó una primitiva capilla a Nuestra Señora del Pópolo y se hacía los domingos el tianguis.

Como las visitas a la capilla y los domingos de mercado fueron una costumbre, la posición del Rincón cobró importancia. Tanta que, antes de 1730, la capilla de El Rincón de Cotija tenía sacerdote de pie, con sus peros: los bautismos, los casamientos y los entierros no se permitían  en este lugar. Era forzoso acudir a la sede parroquial en Tingüindín, a la realización de estos eventos.

La pureza de la estirpe

Por ese tiempo, los apellidos más abundantes en la nueva comunidad eran: Manzo de Corona, Manzo Pérez, Mendoza, Figueroa, Martínez, Ortiz de Luna, Del Castillo Vargas, Rodríguez, Vázquez, Bermejo, Herrera, Mejía de Figueroa, Oseguera, Torres, Preciado, Galván, Barragán, Zepeda, Valencia, Maldonado, Ochoa, Alcaraz, Barajas, Ceja, Garibay, Gutiérrez, Hernández, Magaña, Morales, Bravo, Díaz, Guízar, Madrigal, Valdovinos, Villanueva, Gaytán, Zaragoza, Degollado, Monroy y Robledo.

Y aunque fueron pocas las poblaciones fundadas por los conquistadores que conservaron en un cien por ciento la sangre española, en toda su pureza, Cotija, criolla desde su origen, luchó con pasión y denuedo por conservar su estirpe hispana.

La tenacidad y empeño de los habitantes de este lugar dieron frutos: en 1759 fue elevado a la categoría de congregación. Consumada la Independencia, pasadas las sorpresas de recibir tanto a insurgentes como a realistas, se instaló en la población, en 1828, un juzgado de primera instancia.  3 años más tarde, Cotija se constituyó en municipio por la Ley Territorial del 10 de diciembre de 1831, y fue adscrito al partido de Jiquilpan.  Más tarde, el desarrollo de su actividad comercial fue suficiente para que, el 30 de julio de 1878, el distrito rentístico de Jiquilpan se trasladara a este lugar. Se le adjudicó el nombre de distrito de Cotija.  Aunque, como cabecera de distrito, solamente duró cuatro meses y medio.

El primer periódico

Por este tiempo, apareció el primer periódico cotijense, El Pacífico, bajo la dirección de su fundador Fermín Mendoza Valencia.  Cuando la centuria número 19, de la era cristiana, llegaba a su fin, en 1896, con la visita del gobernador Aristeo Mercado –quien comprobó que los hijos de esta comunidad luchaban por conservar la paz, por vivir en paz, como Dios manda–, la fortuna volvió a tocar a la puerta de Cotija: el gobernante la decretó ciudad.

La llegada del ferrocarril a esta región –Tingüidín, Los Reyes y Moreno-Guaracha–, afectó la próspera economía de la nueva ciudad. Fue el primer revés en la historia cotijense.

La Revolución

La población vivió su mayor auge en 1910. Desde su fundación, los pobladores prefirieron, siempre, las autoridades civiles y eclesiásticas, por encima de los caudillos que hacían la guerra. Por lo que logró posicionarse como un lugar donde florecían toda clase de virtudes. Aquí se cultivaba y fomentaba la  sapiencia. Prueba de este aserto son el monumental edificio parroquial, que sobresalía en el cuadro donde aparecían las soberbias casonas de los acaudalados hacendados.

Derivado de la burguesía porfiriana palpable, en Cotija  la distinción de clases sociales era muy marcada, a inicios del siglo XX. Ello propició el  florecimiento de algunos de los grandes orgullos que enaltecen la historia de este rincón michoacano. Aunque fue también en ese siglo cuando varios sucesos golpearon a Cotija y dejaron improntas hondas e indelebles.

Cotija se había distinguido por el comercio que registraba la arriería, pero debido a la aparición del ferrocarril la economía de Cotija decayó. No obstante los fuertes capitales de sus habitantes, principalmente las antiguas familias Valencia y  González, lograron regalar a la humanidad un legado que laurea la historia del lugar.

Sin embargo, la historia es dura y cruel. Cotija de la Paz fue devastada por toda clase de atrocidades. La entrada destructora de las hordas revolucionarias del pseudo-villista Inés Chávez García, alias el “Indio”, en 1918 y poco tiempo después la Guerra Cristera en 1924, marcaron la vida de los cotijenses.

José Rubén Romero

Pero hubo gente de Cotija que desempeñó un papel importante en tiempo de la Revolución. José Rubén Romero González (1890-1952), durante su juventud, participó en el movimiento revolucionario de Francisco I. Madero. El joven Romero soñó con ser un héroe, un caudillo, un general invencible pero la realidad fue otra. Tuvo, como militar, pocos enfrentamientos. Sin embargo, su ánimo revolucionario era tan auténtico y legítimo que las tropas enemigas con frecuencia se convirtieron en sus aliados.

Al triunfo del Movimiento Antirreeleccionista, José Rubén es nombrado receptor de rentas de Santa Clara del Cobre. Sin embargo, con la usurpación de Victoriano Huerta, los maderistas fueron perseguidos. Él, huyó a la ciudad de México, donde sufrió la soledad, el hambre y la miseria.

Al regresar a  Michoacán, lo descubrieron y aprehendieron. Un piquete de soldados lo llevaba al paredón y, a punto de ser fusilado, su padre llegó con el indulto en la mano. El doctor  Miguel Silva, gobernador del Estado, lo llevó a Morelia como su secretario particular. Luego, José Rubén desempeñó cargos oficiales y trabajó en el servicio exterior mexicano.

Hoy, la tierra que  vio nacer, crecer, acudir a la escuela, que seguramente le escuchó leer sus primeros escritos, al autor de La Vida Inútil de Pito Pérez, no lo olvida. Una estatua, sobre el boulevard por el que se accede a la ciudad, lo recuerda. Pero es sólo uno de sus muchos hijos ilustres.

(Continuará)

Papa Francisco. Homilía en la Misa Crismal

SANTA MISA CRISMAL

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica Vaticana
Jueves Santo 28 de marzo de 2013

 

Queridos hermanos y hermanas

Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación.

Las Lecturas, también el Salmo, nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos… Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo 133: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (v. 2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.

La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos.

De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos ahora a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite… y amargo el corazón.

Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema…». «Bendígame, padre», y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en súplica, súplica del Pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos discípulos – futuros sacerdotes – todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.

Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.

El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja» – esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note –; en vez de ser pastores en medio al propio rebaño, y pescadores de hombres. Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús.

Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios.

Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido.

Amén.

© Copyright 2013 – Libreria Editrice Vaticana

 

Discurso del Papa Francisco, ante el Cuerpo Diplomático acreditado en la Santa Sede

AUDIENCIA AL CUERPO DIPLOMÁTICO ACREDITADO ANTE LA SANTA SEDE

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Sala Regia
Viernes 22 de marzo de 2013


Excelencias,
Señoras y señores:

Agradezco sinceramente a vuestro decano, el Embajador Jean-Claude Michel, las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos, y os acojo con gozo en este intercambio de saludos, simple pero intenso al mismo tiempo, que quiere ser idealmente el abrazo del Papa al mundo. En efecto, por vuestro medio encuentro a vuestros pueblos, y así puedo en cierto modo llegar a cada uno de vuestros conciudadanos, con todas sus alegrías, sus dramas, sus esperanzas, sus deseos.

Vuestra numerosa presencia es también un signo de que las relaciones que vuestros países mantienen con la Santa Sede son beneficiosas, son verdaderamente una ocasión de bien para la humanidad. Efectivamente, esto es precisamente lo que preocupa a la Santa Sede: el bien de todo hombre en esta tierra. Y precisamente con esta idea comienza el Obispo de Roma su ministerio, sabiendo que puede contar con la amistad y el afecto de los Países que representáis, y con la certeza de que compartís este propósito. Al mismo tiempo, espero que sea también la ocasión para emprender un camino con los pocos Países que todavía no tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede, algunos de los cuales –se lo agradezco de corazón– han querido estar presentes en la Misa por el inicio de mi ministerio, o enviado mensajes como gesto de cercanía.

Como sabéis, son varios los motivos por los que elegí mi nombre pensando en Francisco de Asís, una personalidad que es bien conocida más allá de los confines de Italia y de Europa, y también entre quienes no profesan la fe católica. Uno de los primeros es el amor que Francisco tenía por los pobres. ¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! Y ¡cuánto sufrimiento afrontan estas personas! Según el ejemplo de Francisco de Asís, la Iglesia ha tratado siempre de cuidar, proteger en todos los rincones de la Tierra a los que sufren por la indigencia, y creo que en muchos de vuestros Países podéis constatar la generosa obra de aquellos cristianos que se esfuerzan por ayudar a los enfermos, a los huérfanos, a quienes no tienen hogar y a todos los marginados, y que, de este modo, trabajan para construir una sociedad más humana y más justa.

Pero hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los Países considerados más ricos. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la «dictadura del relativismo», que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres. Llego así a una segunda razón de mi nombre. Francisco de Asís nos dice: Esforzaos en construir la paz. Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra.

Uno de los títulos del Obispo de Roma es «Pontífice», es decir, el que construye puentes, con Dios y entre los hombres. Quisiera precisamente que el diálogo entre nosotros ayude a construir puentes entre todos los hombres, de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo. Además, mis propios orígenes me impulsan a trabajar para construir puentes. En efecto, como sabéis, mi familia es de origen italiano; y por eso está siempre vivo en mí este diálogo entre lugares y culturas distantes entre sí, entre un extremo del mundo y el otro, hoy cada vez más cercanos, interdependientes, necesitados de encontrarse y de crear ámbitos reales de auténtica fraternidad.

En esta tarea es fundamental también el papel de la religión. En efecto, no se pueden construir puentes entre los hombres olvidándose de Dios. Pero también es cierto lo contrario: no se pueden vivir auténticas relaciones con Dios ignorando a los demás. Por eso, es importante intensificar el diálogo entre las distintas religiones, creo que en primer lugar con el Islam, y he apreciado mucho la presencia, durante la Misa de inicio de mi ministerio, de tantas autoridades civiles y religiosas del mundo islámico. Y también es importante intensificar la relación con los no creyentes, para que nunca prevalezcan las diferencias que separan y laceran, sino que, no obstante la diversidad, predomine el deseo de construir lazos verdaderos de amistad entre todos los pueblos.

La lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes. Son como los puntos de referencia de un camino al cual quisiera invitar a participar a cada uno de los Países que representáis. Pero, si no aprendemos a amar cada vez más a nuestra Tierra, es un camino difícil. También en este punto me ayuda pensar en el nombre de Francisco, que enseña un profundo respeto por toda la creación, la salvaguardia de nuestro medio ambiente, que demasiadas veces no lo usamos para el bien, sino que lo explotamos ávidamente, perjudicándonos unos a otros.

Queridos Embajadores, Señoras y Señores, gracias de nuevo por todo el trabajo que desarrolláis, junto con la Secretaría de Estado, para edificar la paz y construir puentes de amistad y hermandad. Por vuestro medio, quisiera reiterar mi agradecimiento a vuestros Gobiernos por su participación en las celebraciones con motivo de mi elección, con la esperanza de un trabajo común fructífero. Que el Señor Todopoderoso colme de sus dones a cada uno vosotros, a vuestras familias y a los Pueblos que representáis. Muchas gracias.

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El Papa que paga sus cuentas. Leonardo Boff

(Tomado de ATRIO. http://www.atrio.org . Con comentarios )

El Papa que paga sus cuentas

Leonardo Boff, 25-Marzo-2013

BoffLo que convence a las personas no son las prédicas sino las prácticas. Las ideas pueden iluminar, pero los ejemplos son los que atraen y nos ponen en marcha. Los ejemplos los entiende todo el mundo. Muchas explicaciones confunden más que aclaran. Las prácticas hablan por sí solas.

Lo que ha marcado al nuevo Papa Francisco, ese «que viene del fin del mundo», es decir, fuera de los marcos europeos tan cargados de tradiciones, palacios, espectáculos principescos y disputas internas de poder, son gestos simples, populares, obvios para quien da valor al buen sentido común de la vida. Él está rompiendo los protocolos y mostrando que el poder es siempre una máscara y un teatro, como bien puntualizó el sociólogo Peter Berger, aunque se trate de un poder pretendidamente de origen divino.

El Papa Francisco simplemente obedece al mandato de Jesús que explícitamente dijo que los grandes de este mundo mandan y dominan pero “con vosotros no debe ser así; quien quiera ser grande, que sea servidor; quien quiera ser el primero, que sea siervo de todos; pues el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir” (Mc 10-43-45). Bien, si Jesús dijo eso, ¿cómo puede el Papa, garante de su mensaje, obrar de otra manera?

Ciertamente con el establecimiento de la monarquía absoluta de los papas, especialmente a partir del segundo milenio, la institución eclesiástica heredó los símbolos del poder imperial romano y de la nobleza feudal: ropas vistosas (como las de los cardenales), oropeles, cruces y anillos de oro y plata y hábitos de palacio. En los grandes conventos religiosos que vienen de la Edad Media se vivía en espacios palaciegos.

En el cuarto en el que me hospedaba, como estudiante, en el convento franciscano de Múnich, que remonta al tiempo de Guillermo de Ockham (siglo XIV), un solo cuadro renacentista de la pared valía algunos miles de euros. ¿Cómo conjugar la pobreza del Nazareno que no tenía donde reposar su cabeza con las mitras, los báculos dorados y las estolas y ropas principescas de los prelados actuales? Honestamente no es posible. Y el pueblo que no es ignorante, sino fino observador, nota esta contradicción. Todo este aparato no tiene nada que ver con la Tradición de Jesús y de los Apóstoles.

Según algunos periódicos, cuando el secretario del Cónclave quiso poner sobre los hombros del Papa Francisco la «muceta», esa capita ricamente adornada, símbolo del poder papal, se limitó a decir: “El carnaval  acabó, guarde esta ropa”. Y apareció  vestido de blanco, como también acostumbraba a vestir dom Helder Câmara, que dejó el palacio colonial de Olinda y fue a vivir bajo un tejado de media agua en la iglesia de las Candelas, en la periferia; como también hizo el cardenal dom Paulo Evaristo Arns, por no hablar de dom Pedro Casaldáliga que vive en una casita pobre, compartiendo el cuarto con algún huésped.

Para mí el gesto más simple, honesto y popular del Papa Francisco fue ir a la residencia donde se había alojado (nunca se alojaba en la grande casa central de los jesuitas en Roma) a pagar la cuenta a razón de 90 euros por día. Entró y él mismo fue a buscar su ropa, hizo su maleta, saludó al personal y se fue. ¿Qué potentado civil, qué opulento millonario, qué famoso artista haría tal cosa? Sería falsear la intención del obispo de Roma querer ver en este gesto, normal para todos nosotros mortales, una intención populista.

¿No hacía lo mismo cuando era cardenal de Buenos Aires e iba a buscar el periódico, hacia la compra, viajaba en metro o en autobús y prefería presentarse como «padre Bergoglio»?

Frei Betto acuñó una expresión que es una gran verdad: «la cabeza piensa desde donde pisan los pies». Efectivamente, si alguien pisa siempre palacios y  suntuosas catedrales, acaba pensando según la lógica de los palacios y de las catedrales. Por esta razón, el domingo celebró misa en la capilla de Santa Ana, dentro del Vaticano, que es considerada la parroquia romana del Papa. Y después salió a saludar a los fieles a la puerta.

Cosa notable y cargada de contenido teológico: no se presentó como Papa, sino como «obispo de Roma». Pidió oraciones no para el Papa emérito Benedicto XVI, sino para el obispo emérito de Roma, Joseph Ratzinger. Con esto retomó la más primordial tradición de la Iglesia, la de considerar al obispo de Roma «el primero entre sus pares». Por estar Pedro y Pablo sepultados en ella, adquirió especial preeminencia. Pero ese poder simbólico y espiritual era ejercido en el estilo de la caridad  y no en forma de poder jurídico sobre las demás Iglesias, como predominó en el segundo milenio. No me admiraría en absoluto si, como quería Juan Pablo I, resolviese abandonar el Vaticano y fuera a vivir a un sitio sencillo, con un amplio espacio exterior para recibir la visita de los fieles. Los tiempos están maduros para este tipo de revolución en las costumbres papales. Y qué desafío está representando para los demás prelados de la Iglesia vivir la sencillez voluntaria y la sobriedad compartida.

Traducción de Mª José Gavito Milano

6 comments to El Papa que paga sus cuentas

  • Javier Renobales Scheifler

    Me temo que sería lo mismo Pepe Blanco. Siempre será un cardenal del dictador católico del Vaticano.
    El sistema lo tiene todo atado y bien atado. Los progresistas católicos son primero católicos, y luego, sólo en lo que el catolicismo les deje, son progresisitas
    ¿Qué queda de tu pobre margarita?

  • pepe blanco

    No sabía en cuál de los veintiún artículos sobre el papa Francisco colgados en Atrio hacer este comentario. Lo pongo aquí, simplemente porque es el último.

    Hay un aspecto preocupante en la elección del jesuita Bergoglio como papa. Y es que podemos pensar que su elección facilita el que, en el futuro, sea elegido un cardenal del Opus Dei, por ejemplo.

  • Antonio Vicedo

    Muy bueno el que todos estos signos que el hermano Francisco (Por lo de Jesús: A nadie llaméis padre sobre la tierra) empezó a dar y continúa dando que sorprenden porque vienen al ambiente que vienen y se incluyen  en el ambiente actual de la espectacularidad y la pompa del poder vaticanos y eclesiales.

    Cierto que pueden significar, o significan expresión decidida de un compromiso real de prácticas apostólicas (por lo de enviados a proclamar la Buena Noticia a los pobres y, en ellos, a toda la Humanidad) acorde con ese: COMO el Padre me envió (Y hoy, agradecidos, conmemoramos la Encarnación) ASÍ os envío yo a vosotros, pero estos signos aún no comprometen la ruta, si no se percibe de inmediato el avance hacia lo que su autenticidad debe significar y exige.

    Lógico que, para quienes observamos el cambio de orientación, signifique esto un motivo de esperanza y confianza en que, con esta orientación de la ruta,  se puede ir aproximando la llegada a buen puerto, si no se interpone algún desvío, pero es precisamente esta posibilidad, tan convertida en realidad a lo largo de la historia de la Iglesia, después de los inicios de movimientos renovadores, incluido el  del Poverello de Asís con signos y orientaciones evangélicos tan especiales, que conviene estar atentos para que no cunda la infección de culto infantilista a la personalidad del papa

    Los gestos o frutos por los que se va a calificar el carisma petrino de Francisco, están por llegar y el valor de su coherencia les vendrá del parecido con los  más decisivos, permanentes y claros de Jesús.

    La Iglesia y la Humanidad necesitan ir comprobando cada día la respuesta práctica que Francisco dé a esta sencilla pregunta cada mañana al despertar:
    ¿Qué harías, Jesús, y cómo te comportarías hoy,  si tuvieras que vivir en mis circunstancias?

    Y como, las circunstancias estructurales y ambientales generales, no han cambiado tanto como para que Jesús se tenga que cuestionar modos nuevos y diferentes de reaccionar ante ella, la respuesta ya está dada a poco que se la quiera escuchar, respecto a: lo religioso,  lo político;  lo concreto socio-cultural,  lo económico y a  lo interpersonal próximo, o general.

    ¿Nos ha de servir a tod*s de algo ese:-“Buscad primero el Reino del Padre en y para TOD*S sus hij*s human*s aquí en la tierra y SU Justicia, porque todo lo demás vendrá por añadidura?
    Pues eso esperamos, mientras intentamos poner lo que nos corresponde de nuestra parte.

  • Rodrigo Olvera

    p.d
    Digo que es significativo que retome las distinciones de la Dominus Iesus, negándoles el carácter de iglesias a las iglesias reformadas, porque ahí sí que se muestra una continuidad ideológica, más allá de las “rupturas” de estilo, con Ratzinger.

  • Rodrigo Olvera

    Bueno, pues para profundizar en análisis de discurso:
    Yo por supuesto noté y me agradó, que el 13 de marzo se presentara desde el balcón frente a la Plaza de San Pedro como Obispo de Roma y no como Papa. Utilizó cinco veces la expresión Obispo en referencia al Obsipo de Roma  (sea el emérito o él mismo) y ni una vez la expresión Papa
    También noté , que el 15 de marzo dentro de la Sala Clementina ante los Cardenales se presentó como Papa y no como Obispo de Roma. Utilizó tres veces la expresión Papa y ni una vez la expresión Obispo de Roma.
    Luego, el 16 de marzo en la Sala Pablo VI ante los periodistas utilizó una vez la expresión Papa y una vez la expresión  Obispo de Roma.
    El 20 de marzo en la Sala Clementina ante representantes de iglesias, comunidades eclesiales y otras religiones, utilizó una vez “Obispo de Roma y Sucesor de Pedro” y una vez la expresión Papa para referirse a Juan XXIII . [Significativo que retoma las distinciones de Ratzinger en la Dominus Iesus para referirse a las distintas delegaciones]
    El 22 de marzo en la Sala Regia ante el cuerpo diplomático, utiliza dos veces la expresión Papa, dos veces la expresión Obispo de Roma y una vez la expresión Pontífice

    Así que sí, por supuesto que es significativo que en su primer discurso ante el pueblo usara Obispo de Roma y no Papa. Pero parece que no tiene tanta importancia como la que se le ha dado en ciertos ambientes. Usa ambas expresiones. Parece que las usa dependiendo los destinatarios. Lo cual por supuesto no es reprochable. Toda buena comunicadora y todo buen comunicador ha de saber adaptarse a su auditorio. Pero debe prevenirnos de que le demos demasiada importancia a lo que escuchamos adpatado a lo que queremos escuchar.

  • José Ignacio Ardid

    ¡Paz a todos!

    Una vez más el artículo de Leonardo Boff está lleno de sabiduría y me ha ayudado a reflexionar sobre el valor de los gestos como símbolos de aquello que estamos fraguando muy dentro de nosotros mismos. De ahí, también, la importancia de todos los gestos que está haciendo el Papa y que nos hace mirar la vida y la de la Iglesia con algo más de esperanza.

    Saludos,

La “guerra sucia” al Papa Bergoglio

(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)

La guerra sucia al Papa Bergoglio

Fuentes eclesiásticas confirmaron que antes del cónclave, diplomáticos argentinos distribuyeron un “dossier” para desprestigiar al ahora papa Francisco e impedir su llegada al pontificado. Ayer, él eligió un lugar modesto en una misa con trabajadores

 

Sábado 23 de marzo de 2013  José Vales / Corresponsal | El Universal04:15

BUENOS AIRES.— Justo ahora que el gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner aparece dando un golpe de timón en su relación con el papa Francisco, fuentes eclesiásticas confirmaron la existencia de un “dossier” del kirchnerismo que circuló en Roma y en los despachos de varios cardenales con acusaciones por presunta violación de derechos humanos y otras irregularidades con el objetivo de “desprestigiar” y obstaculizar la posible llegada del entonces cardenal Jorge Bergoglio al papado.

“Desde antes de viajar al cónclave ya existía la información de que había una campaña sucia en su contra, que contemplaba las denuncias de (Horacio) Verbitsky y todo lo que vino después”, dijo Gustavo Vera, de la Organización La Alameda, que con el apoyo del Papa trabajó contra la trata de personas y el trabajo esclavo.

Después de que la versión trascendiera en los últimos días, sin que el gobierno saliera a desmentirla en ningún momento, las fuentes allegadas al ex arzobispo de Buenos Aires, consultadas por EL UNIVERSAL, precisaron que parte de esa campaña para evitar que el cardenal Bergoglio llegara al papado eran “carpetas escritas en perfecto español” y en cuya distribución habrían participado varios diplomáticos argentinos, uno de ellos con sólidos contactos en los despachos vaticanos.

Luego de que el pasado 14 de marzo hubiera fumata bianca, la primera en alertar de que “algunos cardenales le jugaron sucio a Bergoglio”, fue la diputada opositora Elisa Carrió, amiga cercana del Santo Padre. “(Leonardo) Sandri y (Angelo) Sodano le jugaron en contra. Hicieron todo lo posible para que Bergoglio no fuera el elegido”, advirtió en un programa de televisión.

Ratzinger, el gran elector

No obstante, gente cercana al Papa no duda en señalar a Benedicto XVI “como el gran elector del papa Francisco”. “Nadie se había dado cuenta de que, en los últimos meses, (Joseph) Ratzinger había nombrado al cardenal Jorge Bergoglio como miembro de la Congregación para el Clero y designó a dos obispos en Argentina, lo que hoy se observan como señales claras”.

Una vez en el cónclave, fueron el prefecto de la Congregación para el Clero y la Curia Romana, el cardenal brasileño Claudio Hummes y cardenal filipino y arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, dos integrantes del ala reformista del cardenalato, los que motorizaron los votos necesarios para que Bergoglio llegara al papado.

Después de la fumata bianca y con el correr de los días, mientras el gobierno pasaba del estupor a la frialdad y de considerar a Bergoglio “el jefe de la oposición” a llamarlo el “compañero Papa, argentino y peronista”, se conoció que desde la embajada argentina en la Santa Sede, se habían distribuido esos “dossiers”. “No entendíamos por qué el Santo Padre, durante la visita de la presidenta y su comitiva, estuvo tan frío con el embajador argentino”, explicó uno de los amigos más cercanos de Bergoglio en la cura metropolitana.

El embajador es Juan Pablo Cafiero, hijo del histórico dirigente peronista y ex embajador ante la Santa Sede en 1976, Antonio Cafiero, a quien el Papa le quitó la mano cuando éste lo estaba saludando.

Al parecer, Cafiero había contactado a quien ocupara su puesto en tiempos del presidente Carlos Menem, Estaban Caselli, hasta hace unos meses legislador italiano elegido entre los residentes extranjeros, muy cercano a Sandri, ex nuncio apostólico en México en 2000 y actual prefecto para la Congregación para las Indias Orientales, y a Sodano, quien conoce “muy bien todos los despachos del Vaticano”.

Al parecer, Bergoglio supo del “dossier”, pero una vez Papa decidió dar la vuelta a la hoja y colocarle la otra mejilla al kirchnerismo. La prueba es que le anunció a la presidenta Cristina Kirchner en su encuentro del lunes último, que no viajará a Buenos Aires en julio “ni antes de las elecciones de septiembre” para no entorpecer el clima electoral, lo que fue leído en círculos políticos como “todo un gesto de distensión”, después de años de una relación más que difícil.

Pero el escándalo no quedó ahí. Ayer un grupo de diputados de distintos bloques de la oposición presentaron un proyecto para convocar a una interpelación al canciller Héctor Timerman y al propio Cafiero.

“Tenemos información confiable de que se intentó desprestigiar a Bergoglio. Sabemos que la campaña fue orquestada desde la propia cancillería y creemos que tanto Timerman como Cafiero tienen mucho que decir al respecto”, explicó Patricia Bullrich, diputada de la opositora Coalición Cívica.

Según analistas locales, no sería extraño que Sandri tenga pronto un nuevo destino dentro de la Iglesia, al igual que Cafiero, bien lejos de la Santa Sede, como “otro gesto de distensión” con el Papa de parte de la presidenta, quien estaría pensando en Alicia Oliveira, una ex jueza perseguida por la dictadura militar y amiga de Bergoglio, quien fue una de las primeras en salir en su defensa cuando el kircherismo volvió a la carga con las denuncias de que Bergoglio “entregó” dos sacerdotes jesuitas a los militares en 1977.

Esta sería una muestra más del golpe de timón y de los nuevos tiempos “de paz y amor” entre Francisco y el kirchnerismo. Con Francisco convertido en Papa y las maniobras destruidas, allegados a Bergoglio comentaron, como lo hizo Vera, en referencia a la nueva etapa en la relación del Pontífice con la presidenta: “El Papa sabe perdonar, pero no olvida…” .


Divulgan video con testimonio del Papa

El video corresponde a la comparecencia del entonces cardenal Jorge Bergoglio sobre una presunta complicidad con la dictadura militar en la desaparición de dos sacerdotes jesuitas en 1976

 

Viernes 22 de marzo de 2013José Vales / Corresponsal | El Universal

BUENOS AIRES.— Las denuncias lanzadas desde sectores del gobierno argentino contra el entonces cardenal Jorge Bergoglio sobre una presunta complicidad con la dictadura militar en la desaparición de dos sacerdotes jesuitas en 1976, pudieron haberse ahorrado con sólo ver las grabaciones de su comparecencia, en calidad de testigo, en el primer juicio de la causa ESMA.

El 8 de noviembre de 2010, el entonces arzobispo de Buenos Aires declaró ante el tribunal oral número 5, y respondió a las preguntas de los magistrados, del fiscal y particularmente a las de Luis Zamora, ex diputado y uno de los abogados defensores más activos de las víctimas desaparecidas y torturadas en la ESMA, el centro clandestino de detención más importante de todos los que tenía el gobierno militar entre 1976 y 1983.

“Me dolió mucho, quise poner en contacto con un familiar y no pude porque estaban medio escondidos. Hablé con gente para que pudiera hacer algo con ello”, expresó Bergoglio ante las primeras preguntas sobre su conducta por aquellos días como Provincial de la Compañía de Jesús.

Encuentros con Videla

En su comparecencia narró dos encuentros con el dictador Jorge Videla y con el comandante en jefe de la Armada, Emilio Eduardo Massera. “La primera fue bastante amable y la segunda fue muy fea, duró sólo 10 minutos”, dijo; las mantuvo, según su testimonio, para pedir por la aparición con vida de lo sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics. “Mire Massera, yo quiero que aparezcan”, dice que le dijo en tono enfático al por entonces dueño de la vida y de la muerte de miles de personas.

Bergoglio narró que por entonces cualquier sacerdote que trabajara de cerca con los pobres “era considerado un zurdo”. A lo largo de su exposición en el tribunal, el hoy papa Francisco narró diversos casos de asesinatos y desapariciones contra miembros de la Iglesia.

Ana María Bianco, hija de María Ponce de Bianco, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo que desapareció junto a Azucena Villaflor y Esther Ballestrino de Careaga en la iglesia Santa Cruz, recuerda aquella comparecencia del entonces arzobispo en el juicio.

“Aportó datos sobre lo que hizo por los dos sacerdotes, puso aquellos casos en el contexto de terror que se vivía en el país e incluso en la Iglesia y recordó que tenía relación con Ballestrino de Careaga”.

En el video sobre esa declaración que circuló en la web en los últimos días, aparece el abogado Zamora preguntándole: “¿Usted tenía relación con Ballestrino?”. “Sí, mucha…” responde Bergoglio.

Por su parte, Bianco recuerda que Bergoglio era amigo íntimo de Ballestrino porque “habían trabajado juntos en un laboratorio en la juventud del Papa” y, al parecer esa “relación se había extendido con los años”, hasta que Ballestrino desapareció junto a las otras dos Madres de Plaza de Mayo y las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon. El video representa una prueba más de la actitud de Bergoglio en aquellos días de plomo, al punto que ni el tribunal ni la defensa volvieron a pedir una nueva declaración suya ni en ese juicio ni en la segunda parte del juicio de la ESMA que aún se desarrolla en los tribunales porteños.

Pontífice recibe a Pérez Esquivel

Viernes 22 de marzo de 2013Jorge Gutiérrez / Corresponsal | El Universal

CIUDAD DEL VATICANO.— El premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien fue recibido ayer en el Vaticano por el papa Francisco, declaró estar “seguro de que Jorge Mario Bergoglio fue una de las tantas víctimas de la dictadura argentina y no un cómplice”.

En una entrevista con la revista “Confronti”, Pérez Esquivel reiteró su convicción de que el papa Francisco nada tuvo que ver con el régimen dictatorial del general Jorge Videla.

El Nobel dijo que él y muchas otras personas “conocemos quiénes eran los cómplices de la dictadura y los denunciamos, hay procesos judiciales al respecto, pero Jorge Mario Bergoglio eligió la estrategia de la diplomacia silenciosa, porque en esa época no era obispo, sino superior de los jesuitas”.

En la misma entrevista, el Nobel afirma que Bergoglio “no estuvo al frente de quienes luchaba por los derechos humanos, como otros sacerdotes, religiosos, religiosas y obispos, pero me consta que él trato de protestar por la violación de estos derechos en Argentina”.

El Papa y Pérez Esquivel hablaron de la situación económica y política de Argentina, así como de las islas Malvinas, cuya soberanía reclama Argentina a Reino Unido.

Ayer se anunció que el Papa oficiará la misa del jueves santo de la próxima semana en la cárcel de menores de Roma, donde realizará el tradicional lavado de los pies a los detenidos, retomando una tradición que impuso cuando era arzobispo de Buenos Aires.

 


San Simón llevó la voz cantante en el Valle de Zamora. Benjamín González Oregel

San Simón llevó la voz cantante en el Valle de Zamora.

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL


San Simón, Mpio.  de Ixtlán, Mich.–   Es innegable que en el Estado, y en el país, la influencia que llegaron a tener los propietarios de la hacienda de Guaracha fue avasalladora. Considerada una de las 18 más extensas de la Nueva España y de la República, cuando ésta se decretó,  los señores llegaron a codearse –de tú a tú, con don Porfirio, por poner un ejemplo–  con muchos de los gobernantes que a lo largo de los siglos transcurridos desde la fundación del gigantesco latifundio, allá en lejano 1625, hasta pasada la etapa sangrienta de Doña Revolufia, el pasado siglo, siempre tuvieron acceso a los sitios del poder  político.

Pero si hablamos del impacto que tuvieron en la región conocida como el Bajío Michoacano, y más precisamente a la zona donde se asienta el Valle de Zamora, es indiscutible que la hacienda de San Simón llevó la voz cantante. Y sobre todo cuando dicha posesión perteneció a la familia Dávalos. A don Francisco Dávalos, para ser preciso.

Algo de historia

Sabemos que Alonso de Avalos vendió el 6 de abril de 1625 a  Pedro de Salceda Andrade la hacienda El Monte.  Con esa compra, el zamorano acaparó la parte oriental de la Ciénega de Chapala,  si tomamos como punto de partida el sitio  donde se ubicaba el casco de la hacienda de  Guaracha. Poseedor que era ya del sur de la Laguna de Chapala. Su dominio abarcaba desde Tizapán, Jucumatlán (hoy Cojumatlán), hasta Quitupan y Mazamitla. La nueva adquisición permitió a Pedro de Salceda cerrar en círculo una línea que tocaba Jiquilpan, Cojumatlán, La Palma, Cumuato, Buenavista (hoy Vista Hermosa), Ixtlán, Pajacuarán, Tangamandapio, Guaracha, Jaripo, Totolán y lo que se encontraba encerrado en dicha circunferencia.

Esta situación duró casi un siglo. Hasta que los herederos de la familia Salceda y Andrade  entregaron, venta de por medio, el vastísimo latifundio  a la familia del capitán Fernando Villar Villamil. Cuyos miembros tenían posesiones por más de 140 mil hectáreas en diversas propiedades en zonas de lo que es  hoy el estado de Michoacán, así como en terrenos del  Estado de México.

Guaracha, el enorme latifundio, comenzaba a desmembrarse hacia 1760, cuando se dividió el emporio en un par de inmensas extensiones, por la sucesión  testamentaria que dejara el capitán Fernando Villar Villamil a favor de sus dos únicas hijas: Guaracha que quedó como poseedora de las tierras del sur. Y, hacia el norte, la hacienda de Buenavista cuyo dueño fue don Gabriel Castro y Osores casado con una Villamil.

Con la muerte de don Victorino Jasso Dávalos, propietario de Guaracha, la hacienda sufrió una nueva fracción.  La propiedad se dividió en otro par de partes: una, conservó el nombre original: Hacienda de Guaracha. La otra, fue bautizada con el nombre de Hacienda de San Simón, misma que pasó  a ser propiedad de la hija mayor llamada María Josefa Jasso de Dávalos. La heredad constaba de unas 10 mil hectáreas de terreno. Y estaba formada, entre otras fincas, por las siguientes propiedades: Hacienda Valenciano, San Nicolás, Colongo, el Rincón del Mezquite, La Estanzuela, El Limón, La Plaza, La Mula, La Cuestita, La Higuera, y La Soledad. De esta forma, los vástagos del matrimonio Dávalos-Jasso  llegaron a ser dueños de  once haciendas. Y todos contentos, nada pasaba.

Sin embargo, esto seguiría así hasta el año de 1910 cuando las grandes propiedades de las élites porfiristas sufrieron su primer gran fraccionamiento. Y fue posible porque los grandes patriarcas quebraron, se retiraron del negocio, o pasaron a mejor vida. El comienzo  se dio a partir de que Arcadio Dávalos y Jasso, hermano de don Francisco, repartió unas 2 mil 100 hectáreas entre sus 7 hijos. Se acentuó  cuando la viuda de don Francisco, vendió, en 100 mil pesos, a don Tomás Sánchez, la hacienda de San simón. Todo, ante  el temor que había impuesto el grupo liderado por el zamorano Miguel Regalado, quien había iniciado los primeros repartos tras el estallido revolucionario y sobre todo  luego de la asamblea constitucionalista que habían llevado a cabo los revolucionarios, en Querétaro.

De almas a almas, y los comunistas

Y a pesar de que uno de los líderes agraristas de la región el reparto no fue fácil. Tanto que el ingeniero responsable de las medidas y linderos, fue atacado por miembros de la acordada. Estas guardias blancas, luego de torturarlo, destruyeron los aparatos y utensilios propios y que utilizaba para llevar a cabo sus funciones. A los jornaleros de la hacienda, no les fue mejor, cuando solicitaron trozos de tierra. Y si a esto le sumamos el papel jugado por la Iglesia, hizo dudar a muchos, a la hora de aceptar ser beneficiarios con el reparto. Porque, según el predicar de los clérigos, se debía ver con malos ojos, lo que los “comunistas hacían al patrón”. Salió caramba don Tomás. Los nuevos dueños de la hacienda no eran almas caritativas.  Nada que ver con el difunto don Francisco.

Escribió el maestro Jaime Ramos Méndez, en su blog, que contaba el recordado cronista llanense don Isaac Gallegos que, a la comunidad de El Llano, había llegado “un seminario, colegio de padre de la Compañía de Jesús. Este gran seminario fincó en El Llano una gran casa muy superior a lo fincado en una gran ciudad, con todas las comodidades y lujos que se merecía la Compañía de Jesús”. Esto había sucedido después que el hacendado iniciara la construcción de templo –1896 a 1901–.  Los jesuitas se hicieran cargo del convento y feligresía durante una década, comprendida esta entre los años 1904 y 1914. Las borrascas cimbraban las frondas y el católico mecenas estaba próximo a rendir cuentas.

¿Qué le hicieron a mi iglesia?

El último propietario del casco de lo que fue la hacienda, fue el presbítero santiagueño don Rafael Escobar Elías. Para cubrir el monto de la propiedad, el entonces párroco de esta comunidad, tuvo que desprenderse de parte de la misma finca. Este, donó la centenaria finca a una congregación  femenina. Sin embargo, según cuenta su sobrino Roberto Escobar Huerta, le confió estar decepcionado con las monjas porque no cumplieron lo acordado. El convenio había sido condicionado a que las religiosas debían  utilizar las renovadas instalaciones como noviciado de la orden. Nunca lo hicieron. Y si no se las quitó, fue porque había escrituras, o acta notarial.

Esto debió ser verdad, porque los fieles y vecinos entrevistados por el corresponsal, externaron que, años después de que el párroco Escobar Elías había sido removido para hacerse cargo de la Iglesia de Purépero –donde finalmente murió, y donde descansan sus restos–, por invitación de quien lo sustituyó, al ver las obras de que había sido objeto la iglesia de San Simón, no pudo contener sus sentimientos y exclamó: ¡Qué le hicieron a mi iglesia!, al ver que la habían hecho más chica. Sin embargo, justo es decir que esta situación se debió a que, un 12 de diciembre, seguramente en medio de las festividades propias del día, un incendio dio cuenta de la iglesia fundada por los hacendados.

Ni monjas, ni monjes

Y razón no le faltaba, de ser verdad lo que los habitantes de esta comunidad cuentan. Al parecer, las religiosas se han alejado del edificio. Este, visto de fuera, se encuentra muy desmejorado. La madera, ante la falta de cuidados, se ha desprendido y ha formado grandes huecos. Sobre el portal del frente, el piso no luce nada bien. Así se trate de la parte frontal de la iglesia. Aunque en este caso faltó, seguramente, efectivo a la hora de comprar el vitropiso. Ausentes  las hermanas en Cristo, estas dejaron la llave del edificio al cuidado de un joven lugareño.  Se dice que él, cuando alguien se lo solicita, permite el paso a quien tenga interés en conocer la casona que fue de don Francisco de Dávalos. Un hombre piadoso que, como pago de los diezmos, entregó la hacienda de La Soledad, en el vecino municipio de Chavinda, a la Iglesia –seguramente a los PP. Jesuitas.

Aspecto del pueblo

Dividida en barrios –La Manga, La Cuadrilla, La Pila y La colonia–, situada sobre una falda de un cerro, no muy alto, las calles de la población se deslizan, en serpenteantes trazos desde lo alto para terminar en uno de los caminos de acceso a la mancha urbana: la que llega de  La Estanzuela y va hacia  El Limón; o la que sale hacia El Colongo. Además, entre los jóvenes, existe la creencia de que es más bonito San Simón que La Estanzulea. “Hay más gente aquí, que allá”, precisa una agraciada jovencita, en medio de la algarabía de sus amigas. Y sin embargo la comunidad poca actividad ofrece.

Entre los cultivos que realizan sus habitantes se encuentra, naturalmente, el maíz. Pero,  por la abundancia de aguas que les ofrece el paso del río Duero, así como las excelentes condiciones del suelo –son terrenos de los conocidos como de aluvión–  por las sedimentaciones que han dejado miles de corrientes, desde hace décadas, los campesinos se han dado a la tarea de cultivar fresa, principalmente. Además de no haber echado en el baúl de los recuerdos, no faltan quienes dedican tiempos, esfuerzos y parcelas a la producción de trigo y frijol. Aunque también suelen invertir el verduras como el jitomate, chile,…

Hoy, como desde la fundación del latifundio, allá abajo,  frente al casco de la hacienda, el río Duero corre bajo un ancestral puente, mientras su caudal –viscoso, pesado, turbio  y de verdoso color–  cubre el ambiente con insoportable hedor. La fetidez del caudal todo lo cubre. Lejos han quedado los días en que los habitantes de esta breve población solían acudir a pescar y hasta a bañarse en las cristalinas aguas que escurrían desde Carapan, pasaban por Chilchota, Tangancícuaro, Jacona, Zamora y Chavinda. Esto ha forzado a los campesinos a solicitar –y se han concedido los permisos–, les sean permitido perforar pozos profundos, “para regar con agua limpia las verduras, las fresas,… Aunque la producción de granos seguirá haciéndose con el agua del río”.

Don Martín Segura, un comerciante que atiende una miscelánea en lo que fue parte da la hacienda  recuerda que “cuando tenía como 30 años, el agua estaba bien clarita. En ese tiempo, toda la gente del lugar se bañaba allí.

Clandestina producción

Además del maíz y sorgo, los campesinos suelen dedicarse a la plantación y cultivo de la fresa. Aunque en tiempos de la Hacienda el cultivo que mayor mano de obra requería era la caña de azúcar. Era tal la cantidad de toneladas que las tierras sembradas con este endulzante que se contaba con un gran ingenio, del que aún quedan las enormes chimeneas por las que escapaba el humo que se producía durante la etapa del asado de la caña.

Esta actividad, la industrialización de la caña de azúcar, con frecuencia no se menciona, ya que, preponderantemente se producía alcohol. Y se hacía de manera clandestina, señala el cronista ixtlanense. El aguardiente extraído se vendía en Zamora, a precios muy redituables, dado el nivel de calidad  que alcanzaba el producto.

De fiestas y migración

En esta comunidad se celebran 2 grandes festividades, durante el año. Estas ocurren los días 28 de octubre, día dedicado al patrono del pueblo, San Simón. Afirman los fieles que esta celebración fue marco de un añorado novenario. La otra, el primero del año, en que se honra a la virgen de Guadalupe, no alcanza a cubrir el tiempo requerido para que tal cosa suceda, a partir de que las fiestas navideñas tienen un espacio propio. Cosa curiosa, ambas imágenes s encuentran en el retablo de la amplia iglesia, Sólo que su ubicación cambia, de acuerdo a la fecha en que se les ha de honrar.

Como sucede en toda la región, la sangría migratoria también deja sentir sus efectos. Según cuentan los vecinos entrevistados, el porcentaje de hijos que han emigrado puede alcanzar hasta un poco más del 50 por ciento de los hombres en edad productiva nacidos en este lugar. De allí que la fiesta mayor sea la del primero de enero, tiempo en que los emigrados regresan.

Desgraciadamente, entre los jóvenes, hay poca información acerca de la existencia de lo que fue una gran hacienda, desprendimiento del monstruo que fue Guaracha, aquella del zamorano Pedro de Salceda, y de los Villar Villamil. De la construcción que alguna vez albergó a los seminaristas de la diócesis de Zamora, y de la que no se olvidó el mismísimo Siervo de Dios, don Leonardo Castellanos y Castellanos.

¡Vale la pena conocerla! Además de asentarse a unos cuantos pasos de la carretera Zamora-La Barca, su gente es muy sencilla, comunicativa y amable.

P:D:–  Para información, previa disculpa, para quien le interese, San Ángel Zurumucapio se encuentra a un lado de la autopista Morelia-Uruapan, unos 40 kilómetros delante de la capital aguacatera.