San Angel Zurumucapio, 1. Benjamín González Oregel

“todo el tiempo está alegre”


 BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

(Primera de 2 partes)

San Ángel Zurumucapio, Mpio. de Ziracuaretiro, Mich.,–  San Ángel Zurumucapio “todo el tiempo está alegre”, dice, con aplomo, Rafael Rivera Arévalo, vecino de esta localidad.

Por lo que se ve, antes de internarse en sus calles, parece que sus fundadores intentaron protegerla, ayudados por la naturaleza.  Acunada por el eje neovolcánico mexicano, al centro-occidente del Estado, sabedores de que todo lo que se plante o siembre se da, gracias a su agradable clima.

Los habitantes de esta  población,  San Ángel Zurumucapio –del purhépecha tsurumu, que significa espina, y ucupio, abundancia; por lo que nos habla del lugar donde abundan las espinas, donde abundan los huizaches–, acaban de terminar, por todo lo alto,  las festividades anuales en honor del Santo Niño Perdido, y ya han comenzado los preparativos para celebrar, el 19 de marzo, el día de San José.

La leyenda

Aquí, desde tiempos inmemoriales, los ancianos se han dado  a la tarea de transmitir una leyenda en la que se afirma que el primer ser que habitó esta parte de este primoroso jardín que antecede y divide, si se va desde la parte norte del noroccidente de Michoacán, hacia  la Tierra Caliente, llevó por nombre Tarecho –en español se traduce como gallo–. Y quien  oficiaba como brujo. Tal vez allí estaba el secreto para enamorar a tanta mujer. Tenía 13. Y debió ser muy delicado, porque a la fémina que no acataba sus órdenes, que no le obedecía, la castigaba y le hacía  Mal de Ojo.  La desobediente terminaba sus días en medio de espumarajos que arrojaba por su boca. Justo es señalar que este mítico personaje, para defenderse de las inclemencias del tiempo y para proteger a sus esposas, se las ingeniaba en un sitio conocido como La Mina, un lugar situado a unos 3 kilómetros del poblado.

Tarecho debió ser muy delicado, cuidadoso, acostumbraba  que sus mujeres acudieran a bañarse a las aguas del manantial conocido como Canintzio, conocido como el primero de todos los ojos de agua y manantiales que hay en San Ángel. Hoy, se considera que Canintzio fue el primer sitio ocupado por los Purhépecha. Los hallazgos encontrados en este sitio, ocasionalmente –sobre todo cuando los pobladores escarban, al juntar Tierra de Encino, para las plantas–, dan pie a tal hipótesis. Han aparecido metates –según cuentan los ahora propietarios–,  en los que seguramente las mujeres molían los granos del maíz que cultivaban los primeros moradores.

Para los historiadores, la abundancia de agua obligó a los primeros habitantes –tal vez los Tziranbanecha, durante la etapa pre-clásica de Mesoamérica–  de estas tierras, a poner fin al incesante nomadeo que los había caracterizado. Aquí, lo mismo que ocurrió con los mayas y con los aztecas, que se lanzaron a la conquista de tierras para someter y cobrar tributos, los purhépecha también lo hicieron, sobre todo durante los tiempos de Tariácuri,  el último rey nativo. Aunque fue una expansión que buscaba la unificación de los grupos dispersos, a los vencidos los quería para que proporcionaran los recursos para la guerra y para la satisfacción de las necesidades de los suyos; con lo que aumentaba el poder económico de su pueblo.

De esta manera, cada pueblo, cada individuo, tenía la obligación de aportar su esfuerzo para que el poblado pudiese cubrir al Caltzontzin el tributo que le había sido asignado, mediante trabajo de interés público. Y, ¿por qué no?, para empuñar las armas y engrosar las filas del imperio.

Cuenta don Rafael Rivas que aquí, el gran conquistador y guerrero purhépecha, Tariácuri, solía entrenar a sus guerreros.  Y seguramente  la ubicación del lugar jugó a favor de los por él mandados. San Ángel se encuentra a mil 600 metros, sobre el nivel del mar.

La actual tenencia pertenece al municipio de Ziracuaretiro. Sin embargo, según cuentan sus pobladores, antes y después de la Conquista, se conoció con el nombre de Puruátiro. Esta comunidad  tuvo la fortuna de ser evangelizada, como casi la totalidad de la región que hoy ocupa la región Uruapan, por ese apóstol llamado  fray Juan de San Miguel. El mismo que dedicó, como  parte de su apostolado, buena porción de sus esfuerzos para repoblar  los sitios que habían abandonado los naturales ante el embate de los españoles.  Lo hizo, cuentan las crónicas, convencidos los nativos de que sus tierras serían repartidas en forma equitativa. Con el recurso formidable del agua, que en la zona abundaba. Una vez logrado el regreso, ese hombre de Dios se preocupó porque los catequizados aprendieran el cultivo y cuidado  de los árboles frutales. A más de las existentes técnicas de  la agricultura, ya que, desde siempre, los naturales  sembraban  maíz y chile, principalmente.

Cierto, el franciscano promovió la edificación de iglesias y cruces, pero también se dio a la tarea de la erección de hospitales donde los indígenas curaban sus heridas o trataban sus males. La Guatápera, es sólo una muestra viviente de esas acciones.

Cristo roto

Como era preceptivo y se acostumbraba, los frailes, tras las primeras conquistas espirituales, solían imponer nombres a los lugares en los que habitaban los nuevos cristianos. A Puruátiro, le llegó la hora de mudar de nombre, al decir de algunos lugareños, el 11 de febrero de 1523. Por un breve periodo la comunidad fue conocida como San Miguel Zurumucapio.  Para, años más tarde, cambiar por San Ángel. Nombre que conserva.

Aquí, en un espacio, hoy en día es posible apreciar los restos de un Cristo, tallado en piedra, sin sus extremidades  ni la cabeza. Se trata de un Cristo Roto. Para los fieles, la obra fue donada por el que consideran fue el último rey tarasco, Tariácuri, quien supuestamente recibió las aguas bautismales y se convirtió a la nueva fe.  Se cuenta que la escultura, que se encontraba dentro de la nave de la primera iglesia del lugar, sufrió tales daños debido a que la construcción, de piedra, se vino abajo –seguramente por la fuerza de algún temblor de tierra, hecho muy frecuente en esta región–. Además, esta obra se caracteriza porque, en la cruz, tiene tallado el recuerdo de la Pasión.

(Tomado de GUIA de Zamora. http://www.semanarioguia.com.mx)

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