POR UN HERMANO. Alfonso Sahagún De la Parra

Enviado por epadif en Dom, 02/24/2013 – 14:00
Padre Alfonso Sahagún

Julio Sahagún de la Parra nació en Cotija, el 20 de noviembre de 1923 y murió en la ciudad de México, su sitio de residencia, el 14 de febrero pasado.

Cuando ocurre la muerte de una persona conocida y, más en especial, si es cercana por sangre, amor o amistad, experimento la sensación de que yo también he muerto en parte con ella. En el caso, me queda la gran satisfacción de tratarse de una persona cuya vida fue novedosa, creativa y, creo, plena.

Tuvo una preparación académica envidiable, ya que obtuvo licenciaturas en Letras Castellanas, en Filosofía y Sociología Familiar, más una maestría en Ciencias Sociales.

Después de cursar la secundaria y la preparatoria en colegios de jesuitas, entró como religioso de la Compañía de Jesús. Una vez ordenado presbítero, su vida se dividió en dos partes: la primera como religioso jesuita y la segunda como laico, católico ilustrado y activo.

Fueron15 años los que ejerció su ministerio presbiteral. De ellos se puede destacar su labor magisterial en instituciones de su Congregación, su desempeño como asesor nacional del Movimiento Familiar Cristiano y viceprovincial de la Provincia de los jesuitas en México.

En su segunda etapa, ya secularizado, trabajó en una empresa grande de la que llegó a ser el director.

Una vez jubilado, se propuso llevar una vida sencilla y de cierta austeridad. Además, surgió en él su espíritu de jesuita. Comenzó a ser invitado por elementos de congregaciones femeninas a impartirles  pláticas, retiros y aun ejercicios, todo conforme al método ignaciano.  Tal cosa ocurrió con elementos de las Congregaciones zamoranas de las Hermanas de los Pobres y Siervas del Sgo. Corazón y con las de la Sgda. Familia, cuyas dirigencias lo invitaron también a ayudarles a reestructurar, a actualizar sus Constituciones fundantes, labor ésta a la que le dedicó mucho tiempo y esfuerzo. A partir de entonces comenzó a ser llamado por religiosas de varias Congregaciones en la ciudad de México para que les diera pláticas, retiros y ejercicios espirituales. Tal labor la desarrolló también en Chiapas. Una vez fue también a un pueblo de misiones, en Ecuador, donde trabaja un grupo de hermanas de la citada Congregación de la Sgda. Familia, a impartir sus conocimientos sobre la vida espiritual. Al menos en una ocasión, dio los ejercicios espirituales a presbíteros en el D.F.

Al mismo tiempo, se dio tiempo para instalar en su casa lo que llamó “entrenamientos”, no cursos, especie de talleres, “camino hacia la libertad y paz interior”. Se trataba de un estudio e intercambio durante una mañana, una vez al mes, durante 13 meses; les dejaba tarea, entre otras cosas, la de leer determinados libros. Así, fueron desfilando, durante años, grupos y grupos. Entre 1986 y 2001 formuló una síntesis de sus conocimientos y experiencias y, como resultado, escribió el libro PLENITUD DE VIVIR, que ha tenido varias ediciones. También aparece en Internet:semanarioguia. com.mx

En la misa de exequias, alguien comentó que la casa de Julio era una Betania, siempre abierta a la amistad y a la sabiduría.

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