El legado de la crisis actual: revisar y einventar conceptos. Leonardo Boff

El legado de la crisis actual: 

revisar y reinventar conceptos 

2013-02-08

Alimento la convicción, compartida por otros analistas, de que la  crisis sistémica actual nos dejará como legado y desafío la urgencia de  repensar nuestra relación con la Tierra, con los modos de producción y  consumo, de reinventar una forma de gobernanza global y una convivencia  que incluya a todos en la única y misma Casa Común. Para esto es forzoso revisar conceptos-clave, que como una brújula indican un nuevo norte.  Buena parte de la crisis actual se deriva de premisas falsas.

El primer concepto a revisar es el de desarrollo. En la práctica  se identifica con el crecimiento material, expresado por el PIB. Su  dinámica consiste en ser el mayor posible, lo que implica explotación  despiadada de la naturaleza y la generación de grandes desigualdades  nacionales y mundiales. Es importante abandonar esta comprensión  cuantitativa y asumir la cualitativa; en ésta el desarrollo es bien  definido por Amartya Sen (premio Nobel) como «el proceso de expansión de las libertades sustantivas», es decir, la ampliación de las  oportunidades de modelar la propia vida y darle un sentido que valga la  pena. El crecimiento es imprescindible, pues es de la lógica de todo ser vivo, pero solo es bueno a partir de las interdependencias de las redes de la vida que garantizan la biodiversidad. En vez de  crecimiento/desarrollo deberíamos pensar en una redistribución de lo que ya fue acumulado.

El segundo es el manipulado concepto de sostenibilidad, que, en  el sistema vigente, es inalcanzable. En su lugar deberíamos introducir  la temática, ya aprobada por la ONU, de los derechos de la Tierra y de  la naturaleza. Si los respetásemos, tendríamos garantizada la  sostenibilidad, fruto de habernos ajustado a la lógica de la vida.

El tercero es el del medio ambiente. El medio ambiente no existe, lo que existe es el ambiente entero, en el cual todos conviven y se  interconectan todos los seres. En vez de medio ambiente sería mejor que  usásemos la expresión de la Carta de la Tierra: comunidad de vida. Todos los seres vivos poseemos el mismo código genético de base, por  eso todos somos parientes entre sí: una real comunidad vital. Esta  mirada nos llevaría a tener respeto por cada ser, pues tiene valor en sí mismo más allá del uso por el ser humano.

El cuarto concepto es el de Tierra. Es importante superar la  visión pobre de la modernidad que la ve sólo como una realidad extensa y sin inteligencia. La ciencia contemporánea ha mostrado, y esto ya ha  sido incluido hasta en los manuales de ecología, que la Tierra no sólo  tiene vida sobre ella, sino que ella misma está viva: es un  superorganismo, Gaia, que articula lo físico, lo químico y las energías  terrenas y cósmicas para producir y reproducir siempre vida. El 22 de  abril de 2010 la ONU aprobó la denominación de Madre Tierra. Esta nueva  mirada, nos llevaría a redefinir nuestra relación con ella, ya no más de explotación sino de uso racional y respeto. Una madre ni se vende ni se compra, se respeta y se ama. Así debe ser con la Madre Tierra.

El quinto concepto es el del ser humano. Este en la modernidad ha sido pensado como desligado de la naturaleza, fuera y encima de Ella,  haciéndolo su «dueño y señor» (Descartes). Hoy el ser humano se está  insertando en la naturaleza y en el universo como aquella porción de la  Tierra que siente, piensa, ama y venera. Esta perspectiva nos lleva a  asumir nuestra responsabilidad par con el destino de la Madre Tierra y  de sus hijos e hijas, sientiéndonos cuidadores y guardianes de este  bello, pequeño y amenazado planeta.

El sexto concepto es el de espiritualidad. Ésta ha sido  acantonada en las religiones, cuando es la dimensión de lo profundo  humano universal. La espiritualidad surge cuando la conciencia se  percibe como parte del Todo e intuye cada ser y todo el universo  sustentados y penetrados por una fuerza poderosa y amorosa: aquel Abismo de energía, generador de todo ser. Es posible captar el eslabón  misterioso que liga y religa todas las cosas, formando un cosmos y no un caos. La espiritualidad nos confiere un sentimiento de veneración por  la grandeza del universo y nos llena de autoestima por poder admirar,  gozar y celebrar todas las cosas.

Mucho tenemos que cambiar todavía para que todo esto se vuelva parte de  la conciencia colectiva. Pero es lo que debe ser. Y lo que debe ser  tiene fuerza de realización.

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