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Benedicto XVI se trasladó este jueves desde el Vaticano hasta el palacio Castelgandolfo, residencia de verano de los papas, donde se quedará los próximos dos meses.

Recordemos que Joseph Ratzinger tuvo su ultimo día como papa este 28 de febrero, tras anunciar su renuncia el pasado 11 de este mes por “falta de fuerzas” para continuar con su mandato.

Construido en 1596, el palacio es propiedad de la Iglesia Católica y se ha extendido en los últimos siglos, hasta convertirse en una localidad donde residen alrededor de 9 mil personas.

Éste será el quinto verano que Su Santidad pasará en el lugar, que incluye 55 hectáreas de edificios y jardines extraordinarios, territorio que es 11 hectáreas más grande que el Vaticano.

A continuación, conoce el palacio y sus alrededores:

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POR UN HERMANO. Alfonso Sahagún De la Parra

Enviado por epadif en Dom, 02/24/2013 – 14:00
Padre Alfonso Sahagún

Julio Sahagún de la Parra nació en Cotija, el 20 de noviembre de 1923 y murió en la ciudad de México, su sitio de residencia, el 14 de febrero pasado.

Cuando ocurre la muerte de una persona conocida y, más en especial, si es cercana por sangre, amor o amistad, experimento la sensación de que yo también he muerto en parte con ella. En el caso, me queda la gran satisfacción de tratarse de una persona cuya vida fue novedosa, creativa y, creo, plena.

Tuvo una preparación académica envidiable, ya que obtuvo licenciaturas en Letras Castellanas, en Filosofía y Sociología Familiar, más una maestría en Ciencias Sociales.

Después de cursar la secundaria y la preparatoria en colegios de jesuitas, entró como religioso de la Compañía de Jesús. Una vez ordenado presbítero, su vida se dividió en dos partes: la primera como religioso jesuita y la segunda como laico, católico ilustrado y activo.

Fueron15 años los que ejerció su ministerio presbiteral. De ellos se puede destacar su labor magisterial en instituciones de su Congregación, su desempeño como asesor nacional del Movimiento Familiar Cristiano y viceprovincial de la Provincia de los jesuitas en México.

En su segunda etapa, ya secularizado, trabajó en una empresa grande de la que llegó a ser el director.

Una vez jubilado, se propuso llevar una vida sencilla y de cierta austeridad. Además, surgió en él su espíritu de jesuita. Comenzó a ser invitado por elementos de congregaciones femeninas a impartirles  pláticas, retiros y aun ejercicios, todo conforme al método ignaciano.  Tal cosa ocurrió con elementos de las Congregaciones zamoranas de las Hermanas de los Pobres y Siervas del Sgo. Corazón y con las de la Sgda. Familia, cuyas dirigencias lo invitaron también a ayudarles a reestructurar, a actualizar sus Constituciones fundantes, labor ésta a la que le dedicó mucho tiempo y esfuerzo. A partir de entonces comenzó a ser llamado por religiosas de varias Congregaciones en la ciudad de México para que les diera pláticas, retiros y ejercicios espirituales. Tal labor la desarrolló también en Chiapas. Una vez fue también a un pueblo de misiones, en Ecuador, donde trabaja un grupo de hermanas de la citada Congregación de la Sgda. Familia, a impartir sus conocimientos sobre la vida espiritual. Al menos en una ocasión, dio los ejercicios espirituales a presbíteros en el D.F.

Al mismo tiempo, se dio tiempo para instalar en su casa lo que llamó “entrenamientos”, no cursos, especie de talleres, “camino hacia la libertad y paz interior”. Se trataba de un estudio e intercambio durante una mañana, una vez al mes, durante 13 meses; les dejaba tarea, entre otras cosas, la de leer determinados libros. Así, fueron desfilando, durante años, grupos y grupos. Entre 1986 y 2001 formuló una síntesis de sus conocimientos y experiencias y, como resultado, escribió el libro PLENITUD DE VIVIR, que ha tenido varias ediciones. También aparece en Internet:semanarioguia. com.mx

En la misa de exequias, alguien comentó que la casa de Julio era una Betania, siempre abierta a la amistad y a la sabiduría.

San Angel Zurumucapio, 1. Benjamín González Oregel

“todo el tiempo está alegre”


 BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

(Primera de 2 partes)

San Ángel Zurumucapio, Mpio. de Ziracuaretiro, Mich.,–  San Ángel Zurumucapio “todo el tiempo está alegre”, dice, con aplomo, Rafael Rivera Arévalo, vecino de esta localidad.

Por lo que se ve, antes de internarse en sus calles, parece que sus fundadores intentaron protegerla, ayudados por la naturaleza.  Acunada por el eje neovolcánico mexicano, al centro-occidente del Estado, sabedores de que todo lo que se plante o siembre se da, gracias a su agradable clima.

Los habitantes de esta  población,  San Ángel Zurumucapio –del purhépecha tsurumu, que significa espina, y ucupio, abundancia; por lo que nos habla del lugar donde abundan las espinas, donde abundan los huizaches–, acaban de terminar, por todo lo alto,  las festividades anuales en honor del Santo Niño Perdido, y ya han comenzado los preparativos para celebrar, el 19 de marzo, el día de San José.

La leyenda

Aquí, desde tiempos inmemoriales, los ancianos se han dado  a la tarea de transmitir una leyenda en la que se afirma que el primer ser que habitó esta parte de este primoroso jardín que antecede y divide, si se va desde la parte norte del noroccidente de Michoacán, hacia  la Tierra Caliente, llevó por nombre Tarecho –en español se traduce como gallo–. Y quien  oficiaba como brujo. Tal vez allí estaba el secreto para enamorar a tanta mujer. Tenía 13. Y debió ser muy delicado, porque a la fémina que no acataba sus órdenes, que no le obedecía, la castigaba y le hacía  Mal de Ojo.  La desobediente terminaba sus días en medio de espumarajos que arrojaba por su boca. Justo es señalar que este mítico personaje, para defenderse de las inclemencias del tiempo y para proteger a sus esposas, se las ingeniaba en un sitio conocido como La Mina, un lugar situado a unos 3 kilómetros del poblado.

Tarecho debió ser muy delicado, cuidadoso, acostumbraba  que sus mujeres acudieran a bañarse a las aguas del manantial conocido como Canintzio, conocido como el primero de todos los ojos de agua y manantiales que hay en San Ángel. Hoy, se considera que Canintzio fue el primer sitio ocupado por los Purhépecha. Los hallazgos encontrados en este sitio, ocasionalmente –sobre todo cuando los pobladores escarban, al juntar Tierra de Encino, para las plantas–, dan pie a tal hipótesis. Han aparecido metates –según cuentan los ahora propietarios–,  en los que seguramente las mujeres molían los granos del maíz que cultivaban los primeros moradores.

Para los historiadores, la abundancia de agua obligó a los primeros habitantes –tal vez los Tziranbanecha, durante la etapa pre-clásica de Mesoamérica–  de estas tierras, a poner fin al incesante nomadeo que los había caracterizado. Aquí, lo mismo que ocurrió con los mayas y con los aztecas, que se lanzaron a la conquista de tierras para someter y cobrar tributos, los purhépecha también lo hicieron, sobre todo durante los tiempos de Tariácuri,  el último rey nativo. Aunque fue una expansión que buscaba la unificación de los grupos dispersos, a los vencidos los quería para que proporcionaran los recursos para la guerra y para la satisfacción de las necesidades de los suyos; con lo que aumentaba el poder económico de su pueblo.

De esta manera, cada pueblo, cada individuo, tenía la obligación de aportar su esfuerzo para que el poblado pudiese cubrir al Caltzontzin el tributo que le había sido asignado, mediante trabajo de interés público. Y, ¿por qué no?, para empuñar las armas y engrosar las filas del imperio.

Cuenta don Rafael Rivas que aquí, el gran conquistador y guerrero purhépecha, Tariácuri, solía entrenar a sus guerreros.  Y seguramente  la ubicación del lugar jugó a favor de los por él mandados. San Ángel se encuentra a mil 600 metros, sobre el nivel del mar.

La actual tenencia pertenece al municipio de Ziracuaretiro. Sin embargo, según cuentan sus pobladores, antes y después de la Conquista, se conoció con el nombre de Puruátiro. Esta comunidad  tuvo la fortuna de ser evangelizada, como casi la totalidad de la región que hoy ocupa la región Uruapan, por ese apóstol llamado  fray Juan de San Miguel. El mismo que dedicó, como  parte de su apostolado, buena porción de sus esfuerzos para repoblar  los sitios que habían abandonado los naturales ante el embate de los españoles.  Lo hizo, cuentan las crónicas, convencidos los nativos de que sus tierras serían repartidas en forma equitativa. Con el recurso formidable del agua, que en la zona abundaba. Una vez logrado el regreso, ese hombre de Dios se preocupó porque los catequizados aprendieran el cultivo y cuidado  de los árboles frutales. A más de las existentes técnicas de  la agricultura, ya que, desde siempre, los naturales  sembraban  maíz y chile, principalmente.

Cierto, el franciscano promovió la edificación de iglesias y cruces, pero también se dio a la tarea de la erección de hospitales donde los indígenas curaban sus heridas o trataban sus males. La Guatápera, es sólo una muestra viviente de esas acciones.

Cristo roto

Como era preceptivo y se acostumbraba, los frailes, tras las primeras conquistas espirituales, solían imponer nombres a los lugares en los que habitaban los nuevos cristianos. A Puruátiro, le llegó la hora de mudar de nombre, al decir de algunos lugareños, el 11 de febrero de 1523. Por un breve periodo la comunidad fue conocida como San Miguel Zurumucapio.  Para, años más tarde, cambiar por San Ángel. Nombre que conserva.

Aquí, en un espacio, hoy en día es posible apreciar los restos de un Cristo, tallado en piedra, sin sus extremidades  ni la cabeza. Se trata de un Cristo Roto. Para los fieles, la obra fue donada por el que consideran fue el último rey tarasco, Tariácuri, quien supuestamente recibió las aguas bautismales y se convirtió a la nueva fe.  Se cuenta que la escultura, que se encontraba dentro de la nave de la primera iglesia del lugar, sufrió tales daños debido a que la construcción, de piedra, se vino abajo –seguramente por la fuerza de algún temblor de tierra, hecho muy frecuente en esta región–. Además, esta obra se caracteriza porque, en la cruz, tiene tallado el recuerdo de la Pasión.

(Tomado de GUIA de Zamora. http://www.semanarioguia.com.mx)

La elección de un nuevo Papa y el Espíritu Santo. Ivone GEBARA

La elección de un nuevo Papa y el Espíritu Santo. Ivone GEBARA.

vía La elección de un nuevo Papa y el Espíritu Santo. Ivone GEBARA.

La elección de un nuevo Papa y el Espíritu Santo. Ivone GEBARA

La elección de un nuevo papa y el Espíritu Santo

Ivone GEBARA


Después de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana han aparecido entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el Brasil. Sin duda, un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de todo tipo, principalmente de sospechas, intrigas y conflictos dentro de los muros del Vaticano, que habrían acelerado la decisión del Papa.

En el contexto de las primeras noticias, lo que me llamó la atención fue algo a primera vista pequeño e insignificante para los analistas que tratan asuntos del Vaticano. Se trata de la forma como algunos sacerdotes entrevistados, o sacerdotes conductores de programas de televisión, respondieron cuando se les preguntó sobre quién sería el nuevo Papa, saliendo por la tangente. Se referían a la inspiración del Espíritu Santo, o a su voluntad, como si fuera el elemento del que dependería la elección del nuevo romano pontífice. Nada de pensar en personas específicas para responder a las situaciones mundiales desafiantes, nada para despertar una reflexión en la comunidad, nada de hablar de los problemas actuales de la Iglesia que la han llevado a un significativo marasmo, nada de escuchar los clamores de la comunidad católica por la democratización de las estructuras anacrónicas que sostienen a la iglesia institucional.

La formación teológica de estos sacerdotes comunicadores no les permite salir de un discurso trivial y abstracto, ya bien conocido, que continúa recurriendo, como explicación, a fuerzas ocultas, y así, en cierta forma, confirman su propio poder. La continua referencia al Espíritu Santo a partir de un misterioso modelo jerárquico es una forma de camuflar los verdaderos problemas de la Iglesia y una forma de retórica religiosa para no revelar conflictos internos que ha vivido la institución.

La teología del Espíritu Santo continúa siendo para ellos mágica; expresa explicaciones que ya no pueden hablar a los corazones y a las conciencias de muchas personas que valoran el legado del Movimiento de Jesús de Nazaret. Es una teología que sigue provocando la pasividad del pueblo creyente ante las múltiples dominaciones, incluída la manipulación religiosa. Continúan repitiendo fórmulas… como si éstas satisficiesen a la mayoría de la gente.

Me entristece el hecho de comprobar una vez más que los religiosos y algunos laicos que trabajan en los medios de comunicación no perciben que estamos en un mundo en el que los discursos tienen que ser más asertivos, y que tienen que basrse en referencias filosóficas consistentes, más allá de la tradicional escolástica. Un referencial humanista los haría mucho más comprensibles para el común de las personas, incluidos los no católicos y no religiosos. La responsabilidad de los medios de comunicación religiosos es enorme e incluye la importancia de mostrar cómo la historia de la Iglesia depende de las relaciones e interferencias de todas las historias de los países y de las personas individuales.

Ya es tiempo de abandonar ese lenguaje metafísico y abstracto, como si un Dios fuese a ocuparse especialmente de elegir al nuevo Papa, independientemente de los conflictos, desafíos, iniquidades y cualidades humanas. Ya es hora de afrontar un cristianismo que admita el conflicto de las voluntades humanas. Es hora de reconocer que, al final de un proceso electivo, no siempre la elección realizada puede ser considerada como la mejor para el conjunto. Hay que afrontar la historia de la Iglesia como una historia construida por nosotros, todos y todas, y de testimoniar respeto para nosotros mismos/as mostrando la responsabilidad que tenemos todas/os los que nos consideramos miembros de la comunidad católica.

La elección de un nuevo Papa es algo que tiene que ver con el conjunto de las comunidades católicas esparcidas por todo el mundo y no sólo con una élite de edad avanzada, minoritaria y masculina. Por lo tanto, es necesario ir más allá de un discurso justificativo del poder papal, y enfrentarse a los problemas y desafíos reales que estamos viviendo. Sin duda, para esto las dificultades son muchas, y abordarlas requiere nuevas convicciones y un deseo real de promover cambios que favorezcan la convivencia humana.

Me preocupa, una vez más, que no se discuta más abiertamente el hecho de que el gobierno de la Iglesia institucional sea entregado a personas ancianas que, a pesar de sus cualidades y sabiduría, ya no son capaces de hacer frente con vigor y desenvoltura los desafíos que estas funciones demandan. ¿Hasta cuando la gerontocracia masculina papal será como un doble de la imagen de un Dios, blanco, anciano y de barbas blancas? ¿Habría alguna posibilidad de salir de este esquema, o al menos de iniciar una discusión de cara a una futura organización diferente? ¿Habría alguna posibilidad de abrir esta discusión en las comunidades cristianas populares que tienen derecho a la información y a una formación cristiana más ajustada a nuestros tiempos?

Sabemos en qué medida la fuerza de la religión depende de desafíos y comportamientos que son fruto de convicciones capaces de sostener la vida de muchos grupos. Sin embargo, las convicciones religiosas no pueden reducirse a una visión estática de las tradiciones, ni a una visión deliberadamente ingenua de las relaciones humanas. Las convicciones religiosas, igualmente, no pueden reducirse a la ola de las más variadas devociones que se propagan a través de los medios de comunicación. Es más, no podemos seguir tratando al pueblo como ignorante e incapaz de formular preguntas inteligentes y astutas en relación con la Iglesia. Sin embargo, estos sacerdotes comunicadores creen estar tratando con personas pasivas, entre ellas muchos jóvenes que mantienen un culto romántico alrededor de la figura del papa. Los religiosos mantienen esta situación, a menudo cómoda, por ignorancia o avidez de poder. Probar la interferencia divina en decisiones que la Iglesia Católica Jerárquica, prescindiendo de la voluntad de las comunidades cristianas esparcidas por todo el mundo es un ejemplo flagrante de esta situación. Es como si quisieran reafirmar erróneamente que la Iglesia es, en primer lugar, el clero y las autoridades cardenalicias a las cuales habría conferido el poder de elegir un nuevo papa, y que ésa es la voluntad de Dios. A los millones de fieles les corresponde sólo orar para que el Espíritu Santo escoja al mejor, y esperar a que el humo blanco anuncie una vez más el habemus papam.

De manera hábil, por el recurso a fuerzas superiores que dirigirían la historia y, la Iglesia siempre están tratando de hacer que los fieles ignoren la verdadera historia, y que no puedan plantearse su responsabilidad colectiva. Es una lástima que estos formadores de opinión pública estén viviendo todavía en un mundo que es teológicamente, y tal vez incluso históricamente, pre-moderno, donde lo sagrado parece separarse del mundo real y situarse en una esfera superior de poderes a la que sólo unos pocos tienen acceso directo. Es desolador ver cómo la conciencia crítica en relación a sus propias creencias infantiles no haya sido despertada, para su bien personal y en beneficio de la comunidad cristiana. Parece que hasta rescatamos los muchos obscurantismos religiosos de épocas pasadas, mientras que el Evangelio de Jesús, por el contrario, continuamente convoca a la responsabilidad común de unos con los otros.

Conociendo las muchas dificultades afrentadas por el Papa Benedicto XVI durante su corto ministerio papal, las empresas de comunicación católica sólo destacan sus cualidades, su entrega a la Iglesia, su inteligencia teológica, su pensamiento vigoroso, como si quisieran, una vez más, ocultar los límites de su personalidad y de su postura política, no sólo como Pontífice, sino también, como presidente por muchos años de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio. No permiten que las contradicciones humanas del hombre Joseph Ratzinger aparezcan, y que su intransigencia legalista o el trato castigdor que caracterizaron parcialmente su persona sean recordadas. Hablan desde su elección, principalmente como un papado de transición. No hay duda que es así. Pero, ¿transición hacia dónde?

Me gustaría que la encomiable actitud de renuncia de Benedicto XVI pudiese ser vivida como un momento privilegiado para convidar a las comunidades católicas a repensar sus estructuras de gobierno y los privilegios medievales que esta estructura conlleva. Estos privilegios, tanto del punto de vista económico, como político y socio-cultural, hacen aparecer al papado y al Vaticano como un Estado masculino aparte. Pero un Estado masculino con representación diplomática influyente y servido por miles de mujeres en todo el mundo, en las diferentes instancias de su organización. Este hecho nos invita también a reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales de género que este Estado continua manteniendo en la historia social y política actual.

Las estructuras pre-modernas que todavía conserva este poder religioso necesitan ser confrontadas con los anhelos democráticos de nuestros pueblos en la búsqueda de nuevas formas de organización que se correspondan mejor con los tiempos y grupos plurales de hoy. Ess estructuras deben ser confrontadas con las luchas de las mujeres, de las minorías y las mayorías raciales, de personas de diversas orientaciones sexuales y opciones, de pensadores, científicos y trabajadores de las más variadas profesiones. Necesitan ser reelaboradas en la perspectiva de un mayor y más fructífero diálogo con otros credos religiosos y con las sabidurías esparcidas por todo el mundo.

Y, para terminar, quiero volver al Espíritu Santo, a este Viento que sopla en cada una/o de nosotros. Este aliento en nosotros es más grande que nosotros. Nos aproxima y nos hace interdependientes con todos los vivientes. Un soplo de muchas formas, colores, sabores e intensidades. Soplo de compasión y de ternura, soplo de igualdad y de diferencia. Este aliento o soplo no puede ser utilizado para justificar y mantener estructuras privilegiadas de poder y tradiciones antiguas o medievales, como si se tratara de una ley o una norma indiscutible e inmutable.

El viento, el aire, el espíritu sopla donde quiere y nadie debe atreverse a querer ser ni por una sola vez su dueño. El espíritu es la fuerza que nos acerca a unos con otros, es la atracción que permite nos reconozcamos como semejantes y diferentes, como amigas y amigos, y que juntos/as busquemos caminos de convivencia, de paz y de justicia.

Estos caminos del espíritu son los que nos permiten reaccionar ante las fuerzas opresivas que nacen de nuestra propia humanidad, los que nos llevan a denunciar a las fuerzas que impiden la circulación de la savia de la vida, quienes nos llevan a des-cubrir los secretos ocultos de los poderosos. Por tanto, el espíritu se muestra en las acciones de misericordia, en el pan compartido, en el poder compartido, en la cura de las heridas, en la reforma agraria, en el comercio justo, en las armas transformadas en arados, en fin, en la vida en abundancia para todas/os. Éste parece ser el poder del espíritu en nosotros, poder que necesita ser despertado en cada nuevo momento de nuestra historia, y ser despertado en nosotros/as, entre nosotros/as y para nosotros/as.