Jacona. Benjamín González Oregel

Jacona

Puebleando  “Lugar de flores y hortalizas”, o La Villa de las Flores

(Primera parte)

Jacona de Plancarte, Mich.– Jacona es una palabra de origen chichimeca que quiere decir “lugar de hortalizas”. Otra acepción proviene de Xucunan, “lugar de flores y hortalizas”. Sin embargo, para algunos locos y empedernidos, como este corresponsal, dichos significados lejos están de competir con la frase aquella que hicieron famosa hombres del micrófono  como don Roberto Guerrero Ayala y el maestro y poeta don Francisco Elizalde García, quienes al hablar de  esta población la llamaban  la Villa de las Flores.

Puede ser que estos gigantes de la radio, al referirse a lo que hoy es una joven ciudad –fue declarada como tal en 1988–, además de aceptar la abundancia de las flores, también reconocían la exuberante belleza de la mujer jaconense.

Discrepancias, sobre el asentamiento inicial

El maestro Jaime Ramos Méndez escribió el 15 de mayo de 2011, en su página electrónica (jaimeramosmendez.blogspot.mx) que  “Jacona de Plancarte, Michoacán, es una población con profundas y misteriosas raíces prehispánicas. Profundas, porque su origen puede definirse desde Jacona la Vieja, población indígena precolombina de una antigüedad que ha sido difícil de precisar, pero que podría ser tan antigua como la de El Opeño. Misteriosas, porque tampoco hay precisiones respecto al lugar exacto en que se localizó esa población.

Se han encontrado vestigios arqueológicos en el rumbo de Santiago Tangamandapio, pasando la ranchería de Puerto de Lucas, en un vallecito como de cinco kilómetros de largo por tres de ancho, en un potrero conocido con el nombre de ’Las Iglesias Viejas’ que de acuerdo con la tradición era el sitio en que los indios se reunían para rendirle adoración a sus ídolos.

En las cercanías de estos lugares, se encontraron semiderruidas varias yácatas. Dos de ellas miden de largo cerca de veinticinco metros y las otras son muy pequeñas. Junto a ellas se encontraron un sinnúmero de esqueletos humanos. A ese sitio se le conoció, por ello, como ‘Potrero de los Panteones’. También entre Puerto de Lucas y el Cerro Blanco existe la ‘barranca de los monos’, designada así por las figurillas de barro que se encontraron en ese lugar.

Xhucunán o Xucunan, nombre prehispánico de la actual Jacona, significa, en lengua Náhuatl, «lugar de encuentro», quizás por la referencia de que en ese lugar, precisamente, se encontraban los diversos pobladores de toda la región para realizar sus cultos religiosos.

La actual Jacona, ‘la nueva’ tiene un origen bien preciso y definido: el padre agustino Fray Sebastián de Trasierra promovió, entre los habitantes de la Vieja Jacona, su traslado al sitio en que se encuentra actualmente esa población.

Su argumento para tal mudanza fue sencillo y contundente: pasar de la aridez de unas tierras de nula riqueza agrícola a un sitio privilegiado en recursos naturales: buenas tierras para la agricultura, huertos de frutales espléndidos, agua en abundancia y un microclima cálido y bondadoso.

Así, el 5 de noviembre de 1555, con pleno acuerdo entre el Virrey y los indios, se fundó Jacona, la Villa de las Flores, al iniciarse las obras para la iglesia parroquial y el convento y repartirse los solares entre sus primeros habitantes”.

A la anterior versión sobre la ubicación de Jacona La Vieja, hay que agregar la que  contaban –y cuentan–, algunos de los ancianos que vivieron y viven en Santiago. Ellos han sostenido que el terreno en donde se asentó esa comunidad  estaba por el rumbo de Las Lajas, cercana al sitio donde se encuentra la comunidad de El Nopalito.  Un camino de herradura,  por tramos transitable para vehículos automotores, que todavía es utilizado por los santiagueños, confirma esta teoría: era la ruta por la que se iba a Jacona y Zamora.  Bordear por El Puerto de Lucas, era más largo y tardado.  Y El Nopalito es una ranchería vecina de La Palma, ambas en el municipio de Tangamandapio. Sitio en donde se han encontrado yácatas, cerca de un breve manantial, en donde aún abrevan  vacunos y humanos.

Hay que decir  que las pétreas construcciones, situadas en lo que fue una comunidad del municipio de Tangamandapio –quedan algunas construcciones de adobe y tejados de dos aguas, abandonadas, y a las que casi a diario acuden sus dueños–,  han sido víctimas de la negligencia de autoridades y de la rapiña de saqueadores de monumentos arqueológicos.

Y a pesar de todo, las haciendas

Como Pueblo de Indios que fue, Jacona, empero, no pudo sustraerse a la creación y crecimiento de las haciendas, aunque sin llegar a mencionarlas con esta denominación, y tal vez con un poder nimio si se compara con el que ejercieron otros hierros y dueños, en terrenos no lejanos a los mencionados.  Se ha sabido que con la fundación del nuevo centro poblacional, también llegó una merced de ganado mayor, a favor de la iglesia y convento agustinos.

De estos hechos nos  dio cuenta el licenciado don Arturo Rodríguez Zetina,  a través de un documento que dio  a conocer  el doctor Martín Sánchez Rodríguez, presidente del COLMICH, cuando menciona que “entre los documentos que transcribe este autor destaca uno fechado el 30 de septiembre de 1710 que tiene que ver con la medición de las propiedades del convento de San Agustín. En lo relativo al sitio de ganado mayor nombrado Orandino se lee: “Desde la orilla de ese Ojo de Agua se fue midiendo por el oriente y alcanzando con la medida debajo de unos corrales de Piedra, y con esta diferencia en derecho de la casa en que vivió Pedro López (Tardio). Y habiendo venido al centro por la parte del Norte donde están unas ciénegas, no se pudo medir a caballo por lo pantanoso de ellas, y para poderse medir fue necesario hacerlo a pié…” Rodríguez Zetina, 1956:48”.

La Merced Real

Y es que, de acuerdo con la ley española del siglo XVI, el rey era el propietario de todas las tierras que integraban su imperio, en todas las partes del mundo. Los conquistadores contribuían, al someter un territorio, a incrementar las propiedades del monarca. Y éste, como no era un molusco del que brotaran infinidad de tentáculos, y tampoco acostumbraba entrarle al trabajo, daba permisos a sus súbditos para que hicieran producir los territorios sometidos y conquistados. Ese permiso, o licencia para trabajar los terrenos, se conocía como Merced Real o Merced de Tierras.

Recordemos que esto fue una costumbre entre los europeos llegados a este lado del Atlántico. Pocas dificultades tenían los frailes, como rectores que eran de las almas, para verse beneficiados con tales mercedes. La construcción de Santa Clara, en Tocumbo, es un ejemplo que confirma este dicho.

Aunque, se ha sabido, correspondía a La Corona,  por acuerdos  a los que había llegado con los papas Alejandro VI y  Julio II, proponer y decir quién y cuándo enviar  misioneros al Nuevo Mundo. De esta forma, La Corona decidía la construcción de templos, basílicas, catedrales; así como el cobrar a los fieles los diezmos y tributos. Era facultad de La Corona, además, como contraprestación, cubrir los gastos de la Iglesia, en todo el imperio español. –Con razón Serrat nos dice que “con las sotanas me entiendo de perlas,… les paso un tanto al mes, por mis pecados, y ellos tramitan mi salvación eterna”.

Iglesia y convento

Respecto a la construcción de la iglesia, el propio maestro Ramos Méndez, en su página, relata  que “la historia de la parroquia de San Agustín –patrono de la ciudad–  se remonta hasta los tiempos mismos de la fundación de Jacona, cuando en 1555 el padre agustino fray Sebastián de Trasierra convenció a los pobladores de la antigua Jacona de trasladarse a un lugar más adecuado que les garantizara un mejor nivel de vida y desarrollo, pues el lugar en donde se encontraban se caracteriza por la aridez de su suelo, de poca productividad agrícola por falta de agua. Convencidos, los moradores se trasladaron al hermoso lugar en que se encuentra la actual Jacona, caracterizado por sus abundantes recursos naturales que han hecho de sus tierras una rica posibilidad para hacer florecer la vida.

Paralelamente a la fundación de la nueva Jacona, el padre Trasierra inició la construcción del convento y templo de San Agustín, obras que no pudo concluir pues fue cambiado al poblado de Zirosto, dejando en fray Nicolás de la Cueva la responsabilidad de su terminación, realizada en 1626.

El templo de San Agustín cuenta con una distribución arquitectónica en forma de cruz latina”.

Lugar de la vida y la muerte, símbolo de la humanidad

Jacona era la simbolización de la vida y la muerte, el símbolo de la humanidad.  Se cuenta que aquí se inició la práctica del juego de pelota Purhépecha –distinto al que practicaban los pueblos del Altiplano, puesto que en su práctica se utilizaba el fuego, dedicado como era a Curicáveri–,  y que el sitio en donde se llevaba a cabo era el cerro del Curutarán.  Coincidencia o no, pero hoy día, en la ciudad se asientan 2 seminarios: el Seminario Mayor de la diócesis de Zamora y el que los monjes cistercienses tuvieron a bien construir en México. Por si no bastara,  por esas cosas de la vida, aquí se encuentra la imagen de la patrona de la Diócesis, la Virgen de la Esperanza, conocida también como la Virgen de la Raíz. Imagen encontrada en la Ciénega de Chapala.

Se sabe que muchas cosas pasaron en su trayecto a Jacona que hicieron que el superior del Convento de San Agustín, Fray Jerónimo Sáenz y pobladores acudieran a admirar la imagen, que después la conocieron cono Nuestra Señora de la Raíz. Se trata de una  imagen diminuta coronada el 14 de febrero de 1886 como la Virgen de la Esperanza, y a la que se denominó como patrona de la Diócesis. Una imagen con historia, cuyos milagros atribuidos a su aparición, es del año de 1685, cuando dos indígenas (Juan y Mateo), que pescaban en la laguna de Chapala, sacaron y pusieron en su canoa una raíz de camichín que flotaba en el agua y en la que aparecía como una figura de mujer con un niño en el brazo.

Sin embargo, la iglesia que le fue construida fue derrumbada por la fuerza de un temblor. En el mismo sitio, empero, se ha levantado un nuevo edificio, con ribetes modernos y en el que, mediante un vitral, se narra la historia de su aparición.

Tranquilidad y confianza

Hoy, Jacona, según dicen algunos de sus moradores, es una ciudad pequeña donde se puede vivir con tranquilidad. Los traslados, por otra parte, de un punto a otro de la ciudad no son muy largos. Se siente la calidez de la gente, pues todavía nos conocemos los que vivimos aquí; sobre todo entre las familias que llegaron desde hace tiempo. Entre todos nos identificamos y esto nos da un ambiente de confianza. Con lo que creamos un clima de mayor seguridad. Además, contamos con un clima excelente.

Se sienten afortunados porque “todavía vivimos sin prisas, sin la rutina de las grades urbes. Esta ciudad es muy tranquila, muy, muy tranquila”, remacha una joven funcionaria del municipio. Sobre todo cuando de hacer las compras para el hogar y la casa se trata. Todo lo hace, ella, en el mercado municipal. Si de precios se habla, a lo mejor los aumentos son tan pobres, con relación a los que se ofrecen en la vecina Zamora, que resultaría contraproducente trasladarse a esa ciudad.  El mayor ahorro, tal vez lo sea el tiempo. Aunque dice que también se aprecia en el bolsillo. “Es más fácil caminar 3 cuadras, que pagar  transporte público, o utilizar el vehículo propio”.

El campo, fuente de ingresos

En el territorio jaconense, actualmente,  la principal fuente de ingresos  radica en su campo. De él, depende la vida de la agroindustria y el comercio. Los cultivos de la fresa, la zarzamora, el maíz, el trigo, la papa, así como las hortalizas, algunas frutas  y las flores, son los soportes  de  un elevado porcentaje  de la vida económica de la ciudad y sus alrededores.

(Continuará)

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