ZIQUÍTARO, SU FIESTA PATRONAL 2013. II

La celebración, 49

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La celebración, 74

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(Texto y fotos de Silviano Martínez Campos)

MartÍnez Campos, 16/I/013

GUIA

Silviano Martínez Campos

ZIQUÍTARO, municipio de Penjamillo.-  La comunidad de Ziquítaro reiteró una vez más su devoción a la Virgen de Guadalupe, durante la fiesta patronal que culminó el día 12 con una misa concelebrada en la que el oficiante, padre Ricardo González, de Zamora, expuso el fondo del mensaje guadalupano: la dignidad de cada ser humano, hijo de Dios y la invitación por ello a valorarse y con una fe más madura, hacer comunidades más pacíficas y más justas.

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Durante una semana La Guadalupana recorrió los diversos barrios, donde fue velada su imagen, en medio del festivo entonar de cánticos y el tronido de cohetes que, según testimonios, parecían sana competencia para ver quién expresaba mejor sus alegrías, manifestadas también con diversas bandas de música que alegraron los aires ziquitarenses.

Pero el doce, la fiesta central, el ambiente externo al templo se alegró durante la mañana con una banda del pueblo de músicos, Ichán, la que hizo bailar por la noche en la cancha deportiva anexa a la plaza, a cientos de lugareños y visitantes; mientras iluminaba el lado oriente de la plaza, el casillo vistoso a cargo de artesanos de Jacona.

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SERENATA FAMILIAR

Por la noche,  una serenata festiva y familiar, en torno al bello jardín, por cuyos corredores paseaban jóvenes, muchachos y muchachas con lo mejor de sus galas, los de aquí, y los de allá, del otro lado, los familiares que  se congregan para convivir con los suyos de aquí.

Pero una serenata peculiar, por cuanto “daban la  vuelta”, desde luego sin ramos como antes ni confetis, ni serpentinas, pero sí carriolas en abundancia los jóvenes esposos con sus pequeños, mientras otros en sus mismos brazos, lo que daba la impresión de ser una serenata familiar donde los adultos, mayores o no tanto, observaban atentos desde las bancas a la juventud festiva.

LA FUENTE DE LA ALEGRÍA

El presbítero Ricardo González, doctor en teología y maestro en el seminario mayor de Zamora, se fue a fondo con su mensaje, en torno al significado de la fiesta guadalupana, al subrayar la fuente de la verdadera alegría y de la verdadera confianza en estos tiempos difíciles que vivimos. Ni el tener, ni el poder ni el saber dan seguridades, sino la confianza motivada por el hecho de sentirse hijos de Dios, condición que es de todo ser humano, y por lo tanto asumir su verdadera dignidad y respetar la de los demás.

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Recordó que en 1531, año de las apariciones, los indígenas sentían gran tristeza, sus ciudades y templos habían sido destruidos y el mismo Juan Diego a sí mismo se consideraba disminuido, pero al aparecérsele una mujer vestida de sol, va tomando conciencia de su dignidad de hijo de Dios.

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LA CLAVE, RECONOCERSE HIJOS DE DIOS

Luego, en otra parte de su homilía, el padre Ricardo González habría de afirmar ante una feligresía atenta que llenaba el templo: “Muchas de las dificultades que encontramos hoy en  nosotros, en las personas con las que convivimos, es porque no nos hemos reconocido verdaderamente como hijos amados de Dios. Y andamos buscando nuestra dignidad y nuestra valía en los bienes, en el poder sobre otros, en lo que sabes. María de Guadalupe nos enseña en ese encuentro con Juan Diego, que valemos no  por ninguna de esas cosas, que valemos  porque Dios nos ama y nos trajo a la vida y nos acompaña todos los días. Allí está nuestro valor y eso nadie nos lo  puede arrebatar”.

“Cada uno de los seres humanos somos hijos de Dios. Por lo tanto, somos hermanos unos de los otros y merecemos respeto, no por el color de la piel. No por el dinero ni la casa que tenga, no por lo que sabe o por los vínculos y poderíos que tenga con otras personas. No, el otro me merece respeto y dignidad, porque es hijo de Dios, igual que yo”, dijo también el presbítero.

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Y además expresó el maestro de los seminaristas zamoranos: “Por todos lados oímos quejas de violencia e inseguridad. Que esta comunidad sea reconocida porque sabe respetar la dignidad de las personas. Porque las familias educan a sus hijos para que cada  persona sea valiosa, la vida de cada persona valga …Cuando escuchamos a María diciendo: yo soy portadora de un mensaje de paz del Dios por quien se vive, que eso inspire nuestra manera de vivir”.

“ Que seamos amantes, defensores, promotores de la vida. Y de la vida en todas sus manifestaciones. Vivir no es solamente respirar. Vivir según Dios, es estar en paz con los demás. Para qué queremos vida física si estamos llenos de temor; para qué queremos vida si estamos entre el miedo y la inseguridad. Necesitamos recuperar como creyentes, como devotos de María de Guadalupe, el amor por la vida, y la vida que Dios quiere, es la vida de hijos y de hermanos”, expresó.

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En referencia al tío Bernardino que se menciona en el relato guadalupano, simboliza para nosotros el valor tan grande que tiene a los ojos de Dios los ancianos y los enfermos, dijo el sacerdote, y agregó que ser devotos de María de Guadalupe, es preocuparnos por los hermanos ancianos y enfermos. Nuestra devoción a María de Guadalupe tiene qué manifestarse en eso, en asistirlos, en acompañarlos, en visitarlos.

La cultura de hoy nos dice que vales cuanto produces, que los ancianos ya no valen,  porque no producen, y los vamos relegando, los vamos olvidando. Que esta comunidad sea reconocida por el gran respeto y la preocupación por las personas grandes y enfermas. Así los reconocemos como hijos amados de Dios y nos hacemos comprometidos con ellos para valorarlos, para reconocerlos, dijo también.

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El párroco de Ziquítaro, Manuel Vázquez, estuvo acompañado en la celebración también por su hermano Juan Vázquez, quien es párroco en una población de los Estados Unidos: y por el  párroco de Churintzio, Martín García.

Agradeció el padre Manuel la colaboración de los feligreses para el buen funcionamiento de las cosas durante la fiesta, y mencionó a las familias de Arturo Esqueda Rodríguez y a la familia Aguiñiga Salgado. Un informe completo de gastos se dará después, dijo, aunque precisó que ingresos y egresos estuvieron más o menos empatados.

Los festejos,  culminaron el día 13 con un jaripeo y un baile fuera del programa parroquial. Muchos de los visitantes migrantes, empezaron a regresar a sus lugares de residencia en los Estados Unidos.

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(Enseguida la homilía del padre Ricardo González, en transcripción mía (smc). Creo que es fiel a lo que expresó el presbítero,  salvo una que otra palabra en que me falló la audición, o sea mi grabación y lo señalo con un paréntesis)

…..  ( era) “1531, cuando aquel hombre sencillo llamado Juan Diego caminaba para una instrucción cristiana . Había mucha tristeza en los corazones de estas gentes.  Sus ciudades habían sido destruidas, sus templos. Es cierto que habían llegado unos hombres del mar con armas y también les habían propuesto a un Dios llamado Jesucristo, salvador todos los hombres. Sin embargo,esta fe y este anuncio, aunque incluso ya había sido (  ) con el sacramento del bautismo, no había calado en los corazones de estgas peronas. Se sentían humillados, desposeídos, tristes. A estge hombre se aparece u na mujer vestida de sol… ( )Y en este encuentro sucede una transformación profunda: Juan Diego, que el mismos e dice yo soy solamente un ala ( ), yo soy un gusano, no valgo. A través del diálogo con auqella señora, portadora de un mensaje de Esperanza: yo soy la madre de Dios por quien se vive y quiero escuchar sus sufrimientos y quiero llevárselos al  Dios de la vida. Juan Diego va transformándose y tomando conciencia de su dignidad. El se resiste, él se siente indigno y le dice manda a uno que sí tenga crédito a este mensaje al arzobispo de la ciudad de México.

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Pero ella insiste: quiero que seas tu, y en esos varios encuentros con él, Juan Diego termina siendo consciente de su dignidad de hijo de Dios, incluso evangelizador, anunciador de buenas noticias parfa sus hermanos. Por eso el encuentro guadalupano es tan parecido a los encuentros evangélicos: Jesús se encuentra con Zaqueo, se encuentra con la pecadora, se encuentra con un enfermo, y en esos encuentros hay un paso: el corazón  se siente tomado en cuenta, se siente amado incondicionalmente y reconocido como él. Y la vida cambia.

Muchas de las dificultades que encontramos hoy en  nosotros, en las personas con las que convivimos, es porque no nos hemos reconocido verdaderamente como hijos amados de Dios. Y andamos buscando nuestra dignidad y nuestra valía en los bienes, en el poder sobre otros, en lo que sabes. María de Guadalupe nos enseña en ese encuentro con Juan Diego, que valemos no  por ninguna de esas cosas, que valemos  porque Dios nos ama y nos trajo a la vida y nos acompaña todos los días. Allí está nuestro valor y eso nadie nos lo  puede arrebatar.

La celebración, 87

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       El encuentro de María de Guadalupe se hace entonces una buena noticia, como escuchábamos hoy en el relato del Evangelio, cuando ella visita a su prima santa Isabel y le dice: bienaventurada tu que has creído. María nos recuerda siempre que seremos dichosos y felices y podemos cantar como ella: “mi alma glorifica al Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”, porque tenemos fe, p orque a través de la fe nos sabemos hijos suyos,  y amados incondicionalmente. Y de allí tiene qué surgir el modo como nos percibimos y el modo como percibimos a los demás.

         Cada uno de los seres humanos somos hijos de Dios. Por lo tanto, somos hermanos unos de los otros y merecemos respeto, no por el color de la piel. No p or el dineroni la casa que tenga, no por lo que sabe o por los vínculos y poderíos que tenga con otras personas. No, el otro me merece respeto y dignidad, p orque es hijo de Dios, igual que yo.

         Juan Diego, entonces escucha esta voz de María de Guadalupe, lleva el mensaje, lo sabemos bien, a través de…no le creen, le piden una señal y al final  llevando las rosas en su ayate, se muestra la imagen de María de Guadalupe tal como se conserva en la Basílica. Y esa imagen, es signo permanente de su preocupación por  nosotros. Como una madre, escucha nuestras súplicas, como una madre, entiende nuestros sufrimientos y los lleva a Dios.

    Creer en María de Guadalupe, ser devotos suyos, tener la ocupación ( ) en una comunidad, primero nos lleva a la gratitud porque nos sabemos acompañados, porque nunca nos sentimos solos; pero también nos lleva, como decía la oración colecta, a buscar caminos para que esta comunidad viva en la justicia y en la paz.

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          Por todos lados oímos quejas de violencia e inseguridad. Que esta comunidad sea reconocida porque sabe respetar la dignidad de las personas. Porque las familias educan a sus hijos para que cada  persona sea valiosa, la vida de cada persona valga …Cuando escuchamos a María diciendo: yo soy portadora de un mensaje de paz del Dios por quien se vive, que eso inspire nuestra manera de vivir. Que seamos amantes, defensores, promotores de la vida. Y de la vida en todas sus manifestaciones. Vivir no es solamente respirar. Vivir según Dios, es estar en paz con los demás.   Para qué queremos vida física si estamos llenos de temor; para qué queremos vida si estamos entre el miedo y la inseguridad. Necesitamos recuperar como creyentes, como devotos de María de Guadalupe, el amor por la vida, y la vida que Dios quiere, es la vida de hijos y de hermanos.

       En el relato de la Vírgen de Guadalupe se habla de un tío Bernardino. Ese es hombre anciano y enfermo que le preocupa mucho a María. Ella le dice no te preocupes, él está  bien. Y realmente, en ese momento, él, (el tío Bernardino) estaba bien.

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         Simboliza para nosotros el valor tan grande que tiene a los ojos de Dios los ancianos y los enfermos.Ser devotos de María de Gudalupe, es preocuparnos por los hermanos ancianos y enfermos. Nuestra devoción a María de Guadalupe tiene qué manifestarse en eso, en asistirlos, en acompañarlos, en visitarlos.

       La cultura de hoy nos dice que vales cuanto produces, que los ancianos ya no valen,  porque no producen, y los vamos relegando, los vamos olvidando. Que esta comunidad sea reconocida por el gran respeto y la preocupación por las personas grandes y enfermas. Así los reconocemos como hijos amados de Dios y nos hacemos comprometidos con ellos para valorarlos, para reconocerlos.

       Nos dice san Pablo  (segunda lectura) que Jesús vino precisamente a devolvernos la dignidad de hijos de Dios que se había perdido por el pecado. Ser hijos quiere decir confiar en Dios, hacer su voluntad. María lo demostró desde el principio y toda su vida es eso, es aceptación, es confianza, aunque a veces las cosas no se vean claras, aunque el entorno parezca contradecir esta continua presencia de Dios en la vida, tenemos qué confiar en que El sí está, en que El sí escucha.

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       Queremos pedir en esta Eucaristía, por las familias de esta comunidad. Las que están aquí, y las que  por distintas razones tienen qué dejar esta comunidad para irse a buscar un trabajo, o estudios. Pero que se sientan vinculadas siempre a su comunidad, que se sientan orgullosas de pertenecer a este pueblo, bajo el patronato de María de Guadalupe. Vamos a pedir especialmente por los jóvenes que vean siempre con mucho de su pertenencia a este pueblo y que como María se sientan bienaventurados porque creen. Muchos jóvenes se alejan de la fe, a veces  por  mal testimonio de los que somos más adultos, a veces porque no hemos sabido contagiarles ( )que la fe no es una serie de obligaciones, de cargas y de renuncias sino es primero, una buena noticia y que la verdadera alegría sólo puede venir de la fe.

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           Que la alegría de este mundo que ofrece, el que se droga, el que está borracho, el que se siente muy alegre, esa alegría se desvanece muy rápido. La verdadero alegría sólo viene de la fe, de la certeza profunda del corazón de que Dios está aquí. Y gánense a los (estudiantes?) y a los niños y a los jóvenes de esta comunidad que vale la pena creer. … ( )El Papa nos ha invitado en este año a dar gracias por el don de la fe, a valorarla, a profundizarla, a transmitirla con más entusiasmo. Solamente, creo yo, una comunidad con una fe  más madura, más auténtica, podrá traernos comunidades más pacíficas y más justas”.

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La celebración, 68. San Expedito, una de las imágenes más antiguas en Ziquítaro

La celebración, 68. San Expedito, una de las imágenes más antiguas en Ziquítaro

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