BRISEÑAS. Bejamín González Oregel

Puebleando . Briseñas es digno de ser visitado, es muy bonito

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Briseñas de Matamoros, Mich.–   La primera impresión que el viajero se forma  cuando llega a esta población, es la de que se trata de un pueblo  avejentado, como todos los que se asientan  en la Ciénega de Chapala. Sobre todo si se observa el ceniciento maquillaje con que se divierte el tizate,  que cubre la calle principal, que es la continuación de la carretera que une a Michoacán con Jalisco. Es sólo una máscara. Briseñas es un pueblito muy bonito, digno de visitarse.

Hoy, la imagen que presenta el poblado es la de siempre. Tampoco falta el hombre aquel que, a partir de la huelga de Tres Estrellas de Oro, conflicto que explotó hace cerca de 2 décadas, se ha convertido en parte del ´paisaje lugareño y que se gana la vida con la venta de, ahora,  algunas artesanías. Antes lo hizo a través de la comercialización de dulces y chocolates. Sus potenciales clientes, los conductores. El conflicto obrero-patronal, ¿quién sabe?

Para la mayoría, el nombre nos recuerda que se trata de un Lugar de Brisas, por su cercanía con las corrientes de los ríos Lerma y Duero, que confluyen  en la comunidad de Ibarra, situada al surponiente de esta población. Aunque no faltan quienes opinan que tal designación se debe a que los primeros propietarios llevaron el apellido Briceño. Donde no parece haber diferencia es cuando del nombre de la hacienda se habla, dada la cercanía del casco con el río Lerma, y cuyo cauce se ubica unos metros al norte de la finca.

Como tampoco la existe si de la creación de la cabecera y del municipio se trata. Ambos hechos son muy jóvenes, demasiado recientes.  Briseñas fue una hacienda a la que la Ley Territorial del 11 de septiembre de 1932 le otorgó la categoría de tenencia dentro del municipio de Vista Hermosa. Gobernaba el Estado el general  Lázaro Cárdenas del Río. Años más tarde, por la activa promoción  realizada por José Magaña Pérez, el Congreso del Estado decretó, el 28 de julio de 1950, la formación del municipio, elevando al pueblo a la categoría de cabecera, con el nombre de Briseñas de Matamoros. El  gobernador del estado era Daniel T. Rentería.

Antecedentes

Los primeros pobladores de este lugar fueron  los nahoas. Y, al igual que lo ocurrido en la ribera de la Laguna de Chapala, a mediados del siglo XV, fueron sometidos por los purhépecha, primero. Después, bien entrado el siglo XVI, fueron conquistados, evangelizados y bautizados por los españoles.

Vendría, más tarde, la merced del sitio de ganado mayor –el latifundio de Guaracha–, a favor del español, Simón Díaz, en 1569. Decenios más tarde, la hacienda pasaría a manos de los miembros de las familias Salcedo, Andrade y la encabezada por el  capitán Fernando Villar Villamil. Tirada por los senderos que habría de trazar Francisco Velarde, El Burro de Oro. Imaginemos a este excéntrico personaje, en calurosa tarde, bajo la sombra de frondoso árbol, con la vista perdida en desconocido punto, mientras sigue la corriente del Lerma, cuyo cauce se encuentra a unos cuantos metros del casco de la hacienda de Briseñas.

Me viene a la memoria aquella anécdota que cuentan en Jalisco acerca de este hacendado. Regresaba de Guadalajara, a lomo de caballo. Por el camino, él y sus acompañantes se encontraron con algunos peones que arreaban una manada de mulas, cerca de Ocotlán. Le llamó la atención una partida de alazanas acémilas, e intentó comprarlas.

Las mulas alazanas

–¡Te compro ese grupo de mulas –habría dicho al capataz del grupo de arrieros.

–Están preciosas, las mulas, señor –respondió el aludido–. Pero no las podemos vender, no son nuestras.

–¡Véndemelas! –insistió el hombre.

–No, señor, no se las podemos vender. Esta recua es de un cabrón al que apodan El Burro de Oro.

Tras el fusilamiento de Velarde, la haciende de Briseñas pasó a manos de don José María Martínez Negrete, el mismo a quien había vendido, Velarde, la hacienda de  El Molino, en Vista Hermosa. La venta del inmueble se realizó de forma tan misteriosa que aún pocos saben cómo se llevó a cabo. El tiempo pasó y, de pronto, aparecieron los hermanos Cuesta Gallardo. Los mismos que construyeron la casona conocida con el nombre de La Bella Cristina, y que es conocida como la hacienda de Maltaraña.

Don Porfirio y Picazo

Aquí se afirma con certeza que cuando menos una noche la hacienda de Briseñas dio hospedaje a don Porfirio Díaz, camino a la Bella Cristina, donde, supuestamente, solía pasar temporadas, en compañía de una dama con la que mantenía relaciones íntimas.

Quien tampoco pasó de puntitas, seguramente, fue el sahuayense Rafael Picazo, líder agrarista de La Ciénega. Se sabe que este señor encabezaba el movimiento por el reparto agrario de este lado de La Laguna, apoyado, por ser gente muy cercana a él, por el general Dámaso Cárdenas. Que en esos avatares se enfrentó al poder de los Cuesta Gallardo, años después de que Manuel Cuesta, el último gobernador porfirista de Jalisco, había pasado al ostracismo, terminada La Revolución. Se cuenta que un día, en los campos de Maltaraña, fue encontrado el cadáver de uno de los sobrinos de Manuel. Había sido asesinado. El principal sospechoso resultaba ser el sahuayense Rafael Picazo. Si fue cierto o no, nadie lo ha sabido. Rafael Picazo, notorio agrarista, fue ultimado por el hacendado Manuel Cuesta Moreno la noche del 22 de enero de 1931, mientras viajaba en el tren de México a Guadalajara.

Hijos ilustres

En este municipio y localidad  se recuerdan los nombres de José Refugio Bravo Garibay, quien presidió el gobierno de esta localidad de enero de 1951 a septiembre de 1952. De José González Mariche, septiembre a diciembre de 1952. Pero, sobre todo, a don José Magaña Pérez, primer presidente del municipio, en un lapso que abarcó de Agosto a Diciembre de 1950. Un trío de bustos, colocados frente a la iglesia parroquial, sobre la plaza principal, los representa.

Extensión de La Barca

No le falta razón a mi compañero Arturo Sierra Reyes cuando asegura que Briseñas de Matamoros, la cabecera del municipio del mismo nombre, es una extensión de la jalisciense ciudad de La Barca.  Con él coinciden la señorita Patricia Ayala Gómez, así como su señor padre, don Raúl Ayala Torres, quienes aseguran que,  para los moradores de Briseñas, lo común es, ante la falta de cualquier producto, hacer las compras en La Barca. Al fin que sólo se tiene que cruzar el Lerma. Sitio en el que se asentaba La Moreña, “la mera hacienda de La Moreña”. Esa desde donde se trasladaban los dueños, y hasta los franceses, durante la Intervención, a través de un subterráneo, hasta la hacienda de Buenavista –la otra Moreña–, en Vista Hermosa. Para demostrar este dicho, no falta el que recuerde que, en La Barca no hace mucho se hundió un negocio, cuando se falseó el piso. La zapatería desapareció, dice entre risas. “Lo bueno fue que no había nadie, la zapatería estaba sola. No hubo desgracias que lamentar”, remata entre risas, don Raúl.

Si de algo pueden estar seguros los productores del campo de este municipio, es que siempre encuentran el comprador del fruto de sus esfuerzos. Cerca se ubican los centros de acopio de granos: Asteca de Michoacán, Sukarne y muchos, muchos establecimientos de particulares. Además, nada más cruzar el Lerma, se encuentran los grandes centros forrajeros de La Ciénega, en La Barca. En el territorio se siembran semillas, principalmente maíz, sorgo, trigo, cártamo y algunos vegetales. Entre estos destacan la cebolla y el jitomate. Con una ventaja: se empieza a cultivar en invernaderos.

Salarios y migración

Los salarios devengados por un jornalero oscilan entre los 130 y 150 pesos diarios, por 5 ó 6 horas de trabajo. El trabajo, sin embargo, no siempre existe. Escasea cuando las lluvias se retiran. Las faenas que mayores oportunidades ofrecen se dan durante el cultivo de las semillas, cuando se requiere el herbicida y el abono en esas siembras.

Como es de suponer, la migración entre los aquí nacidos, es muy fuerte. Regresan, los que han partido a otros lugares, sobre todo durante el mes de diciembre. Para algunos de los vecinos, los habitantes de aquí, como muchos de los nacidos en la mayor parte de México, de no tener la oportunidad de viajar  y la vecindad con Estados Unidos, para trabajar allá, “nos moriríamos de hambre”.

Si de comercializar lo que se extrae de las aguas del Duero, es llevado a Sahuayo. El Duero no ha dejado de ser una fuente de ingresos para quienes se dedican a la pesca de carpa y tilapia. Porque a La Barca lo surten con el pescado de La Laguna. Y ese, el de Chapala, sí está contaminado, asegura enfático el señor Ayala Torres.

En estos tiempos, esta localidad, que fue conocida como la Villa de Cárdenas –¿Por el hombre de Jiquilpan?–, luce una rostro juvenil, fresco. En términos generales, el aspecto que ofrece el poblado es el de un pueblo muy cuidado. Muy limpio, sobre todo en las calles adoquinadas. Otro, sin embargo, es el que se observa en  las orillas, a las que aún no han llegado los beneficios oficiales, principalmente. O será que, como ha sucedido en todo el país, la infraestructura siempre camina retrasada, con respecto al crecimiento de los pueblos y ciudades.

Hermosa la parroquia

La iglesia parroquial, dedicada a la virgen del Refugio, consta de 3 naves, sostenida por  arcos de medio punto. Muy bonita, como lo es todo el complejo eclesial, invita a la meditación, Con muy buena iluminación, se advierte que en la construcción se trató de conservar el estilo propio de los tiempos de La Colonia. En la cúpula, un fresco, bellísimo, nos recuerda cómo puede ser el reino celestial. Impone la Divina Providencia, cuya imagen preside la hermosa pintura. Y frente al edificio, la plaza principal. En la que se advierten y lucen la belleza de simples jardines, en los que se yerguen altivas palmas. Si acaso, se puede objetar el aspecto del adoquín que cubre los espacios por donde  pasean, habitantes y visitas,  durante las dominicales tardes; o cuando las festividades se hacen presentes.

La fiesta más importante se realiza el día 4 de Julio –como el día de los Estados Unidos–, fecha en que se celebra el día de los refugios. Estas celebraciones incluyen un novenario, con peregrinaciones y romerías, en lo religioso. En lo lúdico, la población tiene la oportunidad de escuchar a grandes cantantes populares y puede disfrutar con las actuaciones de grupos folclóricos.

En la cabecera existe un par de construcciones en las que se ha ejercido el poder político del municipio. Uno, situado del otro lado del lugar donde se alza la iglesia parroquial sobre la calle principal. El otro, el donde funcionan los poderes locales actualmente, que no es otro más el casco hacendario.  En  el casco de la hacienda de Briseñas, y en donde se encontraban las oficinas de una sucursal de Banrural.

Allí mismo, dado lo amplio de las instalaciones, funciona una industria metálica, en la que, se dice, se fabricaban implementos agrícolas. Por la parte  trasera del enorme inmueble, es posible apreciar lo que fueron las trojes de la propiedad, ahora convertidas en fábricas textiles. Allí mismo se aprecia una bien cuidada capilla a donde acudían el amo y sus jornaleros, en tiempos no tan remotos.

El caldomich, un caldote

Los habitantes del pueblo son, por regla general, muy tranquilos. Con la tranquilidad que da el hecho de que todos se conocen, todos son parientes. Cuando algo sucede, todo mundo se entera.     Sienten que la ola de violencia que se sufre en esta región, no es más que un “ajustito de cuentas”. Por eso se atreven a invitar a los lectores de Guía, a que visiten este rincón michoacano. Para quitarles el hambre, estamos  dispuestos a ofrecerles un “caldomich, caldote especial, de carpa y pescado. Para chuparse los dedos. Porque en las aguas del río Duero, el que le decimos el río zamorano, es la fuente de vida de muchas personas”, asegura don Raúl Ayala Torres.

Si usted regresa a su tierra por aquí, por Sahuayo, verá cómo tienen, los pescadores, el río. Cierran las compuertas en Maltaraña. El agua está hasta arriba. Y allí hay mucho pescado y, sobre todo, muy limpio”.  Aquí, además, como en todo aquel lugar en donde hay carnicerías, se encuentran las típicas carnitas y los apetitosos chicharrones. Además, por las tardes, es posible mitigar el hambre con tacos de cabeza de res.

Las tardes y las noches de cada domingo, sobre los adoquines de la plaza del lugar, ofrecen la oportunidad de ver a las jovencitas que dan la vuelta, acompañadas por los novios. Y las que no tienen, lo buscan. Es una tradición que, por bonita, no se ha perdido en este pueblito. Por eso, una muchachita de Briseñas, Patricia Ayala Gómez,  invita a los lectores del semanario a “que se echen una vuelta, a que conozcan el rancho bien, ¡hombre!”.

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