Vista Hermosa de Negrete, un tesoro escondido. Benjamín González Oregel

Vista Hermosa de Negrete, un tesoro escondido

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

 

 

No sólo El Burro de Oro

Vista Hermosa de Negrete, Mich. —  Si este municipio y población llevan el apellido de Negrete, en memoria de don José María Martínez Negrete, que fue propietario de la hacienda de El Molino, lejos está, el terrateniente, de ser el personaje más conocido de entre los que han habitado ese trozo michoacano. Quien se lleva las palmas es el jalisciense Francisco Velarde, El Burro de Oro, dueño de la también hacienda de Buenavista.

Con Vista Hermosa, este municipio que ahora es vecino de una buena parte de Jalisco, Pajacuarán, Ixtlán, Tanhuato y Briseñas, sucede lo que frecuentemente  acontece cuando las cosas se tienen a la mano. De tanto pasar, olvidamos que detrás de esas hileras de construcciones, de descuidados aspectos, por el cenizo de la tierra, se encuentra un verdadero tesoro. “El follaje no permite ver la magnificencia del bosque”. La riqueza histórica que anida, que guarda, nos invita a echar una somera mirada:

Guaracha, una porción de

Hacia 1569 el español Simón Díaz recibió la merced de un sitio de ganado mayor en donde habría de ubicarse, con el paso del tiempo, la hacienda de Guaracha o San Juan Guaracha. Ese fue el origen de la heredad que hoy nos ocupa: Buenavista. Porción de la que fueron dueños, durante un siglo (1620-1720), los  miembros de las familias Salcedo y Andrade. Quienes la entregaron, de 1720 a 1790  a la familia del capitán Fernando Villar Villamil. Cuyos miembros tenían posesiones por más de 140 mil hectáreas y diversas propiedades en zonas de lo que es  hoy el estado de Michoacán, así como en terrenos del  Estado de México. Se trataba de fincas de un incalculable valor,  como podrá imaginarse.

Guaracha, el enorme latifundio, comenzaba a desmembrarse hacia 1760, cuando se dividió el emporio en un par de inmensas extensiones, por la sucesión de la testamentaria que dejara el capitán Fernando Villar Villamil a sus dos únicas hijas: Guaracha que quedó como poseedora de las tierras del sur. Y, hacia el norte, la hacienda de Buenavista cuyo dueño fue don Gabriel Castro y Osores casado con una Villamil.

Buenavista, con el paso del tiempo,  la propiedad  pasó a manos de la familia De la Mora, originaria de La Barca, Jalisco; y cuyos miembros eran parientes de doña Ana María Gallaga, la madre de don Miguel Hidalgo y Costilla. “Después de la guerra (de Independencia), intensa en la región sólo hasta la muerte de Morelos (22 de diciembre de 1815) y la capitulación de Mezcala, al tiempo que se recuperaba del desastre la hacienda de Guaracha, que volvió a superar en producción, entre 1816  y 1820, a pueblos tan importantes como Jiquilpan, Sahuayo, Tingüindín y Cotija, la hacienda de Buenavista fue más lenta para revitalizarse. Su dueño, el anciano Juan José de la Mora, murió hacia 1820 y lo primero que hicieron las herederas fue repartirse las propiedades. Y también las grandes deudas que había contraído don Juan José, abuelo de El Burro de Oro, José Francisco Velarde.

Su persona, lo primero

“Por lo mucho que haya podido hacer en favor de la heredad de su esposa, el licenciado José Crispín Velarde (padre de Francisco) sus desvelos tuvieron que decaer con su enfermedad; así como los magros provechos de la finca con los penosos pagos de las viejas deudas. Poco también tuvo que lograr, a partir de 1827, año del fallecimiento de Velarde, el honrado y generoso albacea, administrador y propietario, el presbítero José Ignacio Torres”, se escribió en su tiempo.

 

Hacia 1839, José Francisco Velarde se hizo cargo de la inmensa propiedad. Sin embargo según se sabe, lo que más le preocupaba era su persona. Nacido en Guadalajara, El Burro de Oro, apodo que le enjaretó la ciudadanía tapatía por la oquedad  de su cabeza, quiso hacer tanta ostentación de su persona, que en tiempos del presidente Santa Anna, allá por el cuarenta y tantos, compró, en alto precio, el grado de General. Y se le expidió el correspondiente despacho. Lo que él anhelaba era lucir un vistoso uniforme, y únicamente por ese traje se le llamó General Velarde. Sin que la unión de esos dos vocablos explicara antecedentes bélicos ni conocimientos militares.

Cuando se estableció la monarquía en México, Velarde le obsequió a Maximiliano valiosos regalos y varias veces lo invitó a su casa, para que pasara una temporada de descanso en la Perla Tapatía. La invitación que nunca se efectuó porque las circunstancias políticas no le permitieron.

El Burro y Maximiliano

Velarde creyó que Maximiliano aceptaría la invitación, por lo que gastó miles de pesos y “dispuso el arreglo de su casa (en los terrenos actuales del Palacio Legislativo, Hidalgo y Pino Suárez, en Guadalajara) con verdadero derroche de lujo y esplendor: los muebles fueron importados de Europa, lo mismo que las vajillas hechas de plata con incrustaciones de oro.

Enloquecía con  la idea de que su casa sirviera de morada al monarca. Entusiasmado por este pensamiento, hizo que un gran número de sastres y costureras trabajaran de día y de noche en hacer un toldo que sería colocado en todo el camino comprendido desde la Barca hasta Guadalajara, para que Maximiliano, en su viaje, no estuviera expuesto a los rayos del sol”.

El Burro y Zamora

El error más grave de Velarde fue el hacer tan público el afecto al emperador y su partido, pues era sabido por las personas de clara visión, que el gobierno de Maximiliano iba a ser de muy corta vida. Esto comprometió a El Burro de Oro,  lo metió en serios problemas. Tantos que  “El 25 de enero de 1867, cuando ya Maximiliano estaba sitiado en Querétaro, el general Don Ramón Corona, como jefe de la División de Occidente, ordenó, por medio de un bando, que dentro de un plazo de veinticuatro horas se presentaran, como prisioneros de guerra, los imperialistas que radicaran en las poblaciones y lugares dominados por los republicanos; y en caso de desobediencia, serían perseguidos y fusilados.

“Cuando los republicanos avanzaban hacia La Barca, población donde se hallaba Velarde, éste marchó a Zamora y allá estuvo escondido, hasta que, denunciado por un peluquero (de apellido Ayala) fue aprehendido por el general Francisco Tolentino, quien era entonces coronel; y de acuerdo con lo dispuesto en el bando de Corona, Velarde fue fusilado en la mencionada población de Zamora, el día tres de febrero de 1867.  Unas horas después de la ejecución, llegó  el indulto que Juárez le concediera”.

La venta a Martínez Negrete, favorable

Si se decía que Velarde de la Mora era muy tonto, supo, sin embargo, conservar su inmensa fortuna y darse la gran vida. Tuvo, además, el tino de vender lo que fue la Hacienda Vieja, la de El Molino, a don José María Martínez Negrete. Y la población ganó, fue favorecida con el cambio de propietario. Esto ocurrió en 1860. La ex hacienda el Molino o de Negrete, llegó a estar  conformada por diversas edificaciones entre las que se hallaban la casa principal, la troje o granero, una escuela y una capilla con casa curato.

Se ha mencionado que  la casa principal se encuentra en restauración. Lo cual parece incierto, o ha faltado lo importante, el dinero. Es de  estilo neoclásico, y su fachada ostenta un nivel conformado por un portal de arquería de cantera, de esbeltos pilares que soportan arcos de medio punto, rematado en su parte central por un frontis triangular. En su interior se hallaba un enorme patio rodeado de arquería.

El nuevo propietario edificó una escuela, a un costado de la propia hacienda. Intentaba crear  una escuela agrícola pero nunca funcionó como tal. Desde mediados del siglo XX ha funcionado como escuela pública de nivel básico. Lleva el nombre del general Francisco J. Múgica. El inmueble, a simple vista, tiene un gran valor arquitectónico y es una joya del estilo ecléctico. Construida en dos niveles, en el primero se ubican una serie de ventanas con arco de medio punto.  Mientras que en el segundo, las ventanas son  rectangulares. En la parte central se observa un pórtico con tres gruesos arcos en su primer nivel. En el piso superior, hay un portal sostenido con tres pares de esbeltas columnas. El inmueble se encuentra  techado con cubierta de lámina. En su interior hay  un patio rectangular de dos niveles.

El señor Martínez Negrete y sus 2 esposas

Al oriente de la escuela, hay una capilla, que se conserva en pie y está en uso. En tanto que  lo que fue el curato se encuentra en ruinas. La Capilla, en honor de Nuestra Señora del Refugio, se encuentra  aislada de las demás edificaciones y presenta el estilo neogótico. Su fachada muestra un frontis rectangular y puerta de arco ojival. En el centro de la portada se levanta una pequeña torrecilla con campanario de dos cuerpos. En su interior posee planta de cruz latina y pequeña cúpula en el crucero. En el ábside, detrás del retablo, se ubica un mausoleo donde descansan y se resguardan  los restos de Martínez Negrete y sus dos esposas en sarcófagos de piedra.

Nada saben, del Corredor Turístico

Los actuales moradores de lo que fue Buenavista –hay quien asegura que luego de que la familia De la Mora se hizo de las tierras el casco hacendario también fue conocido como parte de La Moreña–, cuando se les inquiere acerca del Corredor Turístico que, en Chavinda, promueve el actual edil, de origen panista, José Luis Castillo García, dicen no saber nada. Tal vez el presidente municipal, correligionario de Castillo García, sepa algo.  Se trata de un proyecto en el que estarían inmiscuidos los municipios de Jacona y Vista Hermosa, además del  promovente; y cuyo fomento se enmarca con los emblemas de los  gobiernos,  calderonista, en lo federal, y perredista, el que encabezó Leonel Godoy, en el Estado –ambos pasados a la historia–, y en el que, el más beneficiado sería Pajacuarán, quien no aparece en el intento. Para este empeño se han destinado un total de 3 millones de pesos –2 a Chavinda y uno a Jacona, según palabras de Castillo García.

Cantidad, ésta, que parece una cachetada, una mentada, una tomadura de pelo, para un proyecto que requiere, si de verdad se trata de concretarlo, de miles de millones de pesos. La rehabilitación de los históricos monumentos que en esta sola cabecera se encuentran, requeriría de muchísimo dinero, a más de una larga y paciente espera. Esto iría para largo, si tomamos en cuenta las experiencias que han dejado similares empresas realizadas con antelación –si la memoria no me miente creí leer que Diego Fernández de Cevallos compró a don Fernando de la Mora Ovando, una hacienda en algo así como 500 millones de pesos–. Y, ante todo, requeriría del buen visto y la dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

¿Qué nos espera?

Aquí, aunque en la población sólo las calles del primer cuadro se encuentren cubiertas con asfalto, concreto hidráulico y adoquín, y que muchas de las construcciones sean de adobe, con tejados de 2 aguas, a pesar de la chapa de concreto que lucen en el frente, cuenta un vecino que se atreve a aceptarlo, vivimos bien  –entre los habitantes  se nota temor al hablar con descocidos, luego de los trágicos y violentos acontecimientos de los últimos días. Dicen, no son culpables de que la carretera federal cruce y comunique a una parte del centro del país con la segunda ciudad en importancia de la República.

Quienes tenemos un pedazo de tierra, luego del reparto agrario, nos dedicamos a lo nuestro: sembramos maíz, sorgo, trigo, alfalfa, cártamo, camote, cebada, brócoli, pepino, jitomate, calabaza y tomate. No obstante que desde el 2005, “no vemos una”, comenta un granjero mientras sus empleados atienden las galeras en donde se crían lozanos y rumiantes chivos.

“Hoy, esperamos que, con el nuevo gobierno, con el cambio que hubo, las cosas mejoren. Porque si la esperanza muere, ¿qué nos espera?”, pregunta.

En el territorio municipal hay 13 mil, 251 hectáreas de riego; así como 5 mil 679 de temporal. Gran productor de granos, en el municipio se encuentran centros de acopio de empresas como Asteca de Michoacán. Además de que se conserva en buen estado, parte de la estructura de lo que fueron los centros de acopio de Conasupo. Los llamados conos. A los que se suman las bodegas y centros de compra que han instalado los particulares.

No lo que se piensa

En el municipio, que hace las veces de la parte de en medio de  imaginario emparedado, aprisionado como está por los ríos Duero y Lerma, buena parte de sus habitantes encuentra su modo de vida en la crianza de ganado, sobre todo vacuno. Esta actividad ocupa el segundo sitio en importancia económica, sin tomar en cuenta que, desde hace unos años, una gran empresa dedicada a esta tarea, se instaló en las cercanías de la cabecera municipal.

En Sukarne, te compran de todo: animales, forrajes y pasturas, a precios muy castigados, indican los vecinos. Sin embargo, contrariamente a lo que se piensa,  los vistahermosenses no se dicen felices por la presencia y estadía de la empresa. Los empleos mejor remunerados no son para los habitantes del pueblo. Ellos, los directivos del consorcio, llegan de otras partes, aseguran. Cosa que también sucede con cabezas de ganado y materias primas para la crianza y engorda de los vacunos. Tal vez uno de los efectos que más molestia causa, sea el fétido olor que allí se origina.

En menos proporción, los campesinos y habitantes del lugar crían y engordan porcinos y caprinos. Gustan  de los caballos –sobre todo de carreras. Para esta actividad existen instalaciones para las parejeras. Cuando se da el caso, los aficionados acuden desde buena parte de la región y el Estado–,  además de fomentar la crianza de asnos y  mulas, para las labores del campo. Hay, también, una breve actividad avícola.  Menguada, empero, se encuentra la piscicultura, actividad que alcanzó fama regional.

Hijos predilectos

Contrariamente a lo que podemos pensar, en este municipio, en donde la pequeña propiedad es inexistente –hablan de un solo predio con ese estatus–, nadie recuerda a líder agrario que haya descollado, durante esa decisiva etapa del campo. Los hombres del campo local sienten un afecto especial por el general Lázaro Cárdenas del Río. De los demás, a nadie le deben nada, afirman.

Sin embargo, los aquí nacidos no olvidan a algunos de sus hijos ilustres, como es José María Negrete, hacendado, en cuyo honor se nombró a la cabecera municipal Vista Hermosa de Negrete. También se nombran: Alejandro Quezada, digno defensor del proletariado y enemigo del despotismo; Arcadio Zamora, luchador infatigable contra la tiranía despótica, asesinado cobardemente por el servilismo latifundista y Francisco Tamayo, figura máxima de la fundación  del municipio.

Entre carnitas y danza

Entre los platillos tradicionales, propios del lugar, se encuentran las  carnitas –de cerdo y res–, los frijoles puercos, la birria de ternera y chivo, así como los tacos, en varias formas: de cabeza de res, de bistec.

Destacan, por su colorido, las festividades del 12 de diciembre, en honor a la virgen de Guadalupe, y sobremanera las que inician el 22 del último mes del año, y cuya culminación se da el primero del año.  Un lugar de privilegio lo ocupa, ese día, la Danza de los Apaches. Los danzantes, grupo formado por jóvenes de uno y otro sexo, recorren  las principales calles de la población. Y, para júbilo de mirones y visitantes, se hacen acompañar de botargas que, entre bromas, ponen en serios aprietos a los agraciados escogidos.  Se conmemora, además, el día de Santa Cecilia. A las que se ha sumado, recientemente, el día del Divino Niño. En lo cívico, se recuerdan las fechas del 20 de noviembre y las Fiestas Patrias. La visita a la presa de Gonzalo, nos brindará una idea de lo que fue el paso de los hacendados por esta tierra.

La visita a esta población resultará benéfica, para todo aquel que quiera comprender un pasado que no termina de alejarse. ¡Vamos a Vista Hermosa de Negrete!

 

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