Balance anual de lo macro: vamos de mal en peor. Leonardo Boff

Texto de Leonardo para el fin de año, 31 de diciembre.
Em português, conferir 


Balance anual de lo macro: 

vamos de mal en peor 

2012-12-31

La realidad mundial es compleja. Es imposible hacer un balance  unitario. Voy a intentar hacer uno referente a la realidad macro y otro a la micro. Si consideramos la forma en que los dueños del poder se están enfrentando a la crisis sistémica de nuestro tipo de civilización  —organizada sobre la base de la explotación ilimitada de la naturaleza,  la acumulación también ilimitada y la consecuente creación de una doble  injusticia: la social con sus perversas desigualdades a nivel mundial, y la ecológica con la desestructuración de la red de la vida que  garantiza nuestra subsistencia—, y si tomamos como punto de referencia  la COP 18 realizada en este final de año en Doha (Qatar) sobre el  calentamiento global, podemos sin exageración decir: estamos yendo de  mal en peor. De continuar por este camino, vamos a encontrarnos, a no tardar mucho, delante de un «abismo ecológico».

Hasta ahora no se han tomado las medidas necesarias para cambiar el  curso de las cosas. La economía especulativa sigue floreciendo, los  mercados son cada vez más competitivos —lo que equivale a decir cada vez menos regulados—, y la alarma ecológica, materializada en el  calentamiento global, dejada prácticamente de lado. En Doha sólo faltó  dar la extremaunción al Tratado de Kyoto. Irónicamente se dice en la  primera página del documento final que nada resolvió, pues pospuso todo  para 2015: «el cambio climático representa una amenaza urgente y  potencialmente irreversible para las sociedades humanas y para el  planeta, y este problema necesita ser afrentado con urgencia por todos  los países». Y no está siendo afrentado. Como en los tiempos de Noé,  continuamos comiendo, bebiendo y recogiendo las mesas del Titanic que se hunde, escuchando todavía la música. La Casa está en llamas y mentimos a los otros diciendo que no lo está.

Veo dos razones para esta conclusión realista que parece pesimista.  Diría con José Saramago: «no soy pesimista; la realidad es la que es  pésima; yo soy realista». La primera razón tiene que ver con la premisa  falsa que sustenta y alimenta la crisis: el objetivo es el crecimiento  material ilimitado (aumento del PIB), realizado sobre la base de la  energía fósil y con un flujo totalmente liberado de los capitales,  especialmente especulativos.

Esta premisa está presente en los planes de todos los países, incluido  el brasilero. La falsedad de esta premisa reside en la total falta de  consideración de los límites del sistema-Tierra. Un planeta limitado no  soporta un proyecto ilimitado. No tiene sostenibilidad. Es más, se evita la palabra sostenibilidad que viene de las ciencias de la vida;  ella no es lineal, se organiza en redes de interdependencias de todos  con todos, que mantienen funcionando todos los factores que garantizan  la perpetuación de la vida y de nuestra civilización. Se prefiere hablar de desarrollo sostenible, sin darse cuenta de que se trata de un concepto contradictorio porque es lineal, siempre creciente, y supone  la dominación de la naturaleza y la quiebra del equilibrio ecosistémico. Nunca se llega a ningún acuerdo sobre el clima porque los poderosos  consorcios del petróleo influencian políticamente a los gobiernos y  boicotean cualquier medida que les disminuya las ganancias, por eso no  apoyan las energías alternativas. Sólo buscan el crecimiento anual del  PIB.

Este modelo está siendo refutado por los hechos: ya no funciona ni en  los países centrales, como lo muestra la crisis actual, ni en los  periféricos. O se busca otro tipo de crecimiento —que es esencial para  el sistema-vida, pero que debemos hacerlo respetando la capacidad de la  Tierra y los ritmos de la naturaleza—, o encontraremos lo innombrable.

La segunda razón es más de orden filosófico y por ella he venido  luchando desde hace más de treinta años. Implica consecuencias  paradigmáticas: el rescate de la inteligencia cordial o emocional para  equilibrar el poderío destructor de la razón instrumental, secuestrada  hace siglos por el proceso productivo acumulador. Como nos dice el  filósofo francés Patrick Viveret, «la razón instrumental sin la  inteligencia emocional puede perfectamente llevarnos a la peor de las  barbaries» (Por uma sobriedade feliz, Quarteto, 2012, 41);  recuérdese la remodelación de la humanidad proyectada por Himmler que  culminó con la shoah, la liquidación de los gitanos y de los  discapacitados.

Si no incorporamos la inteligencia emocional a la razón  instrumental-analítica, nunca vamos a sentir los gritos de la Madre  Tierra, el dolor de las selvas y los bosques abatidos, ni la devastación actual de la biodiversidad, del orden de casi cien mil especies por año (E. Wilson). Y junto con la sostenibilidad debe venir el cuidado, el  respeto y el amor por todo lo que existe y vive. Sin esta revolución de  la mente y el corazón iremos, sí, de mal en peor.

Ver mi libro: Proteger la Tierra-cuidar de la vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: