El Fenómeno del Niño. Silviano Martínez Campos

 

FANT.12- FENOMENO DEL NIÑO

De El Taller

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FENOMENO DEL NIÑO

Silviano Martínez Campos

Musa de los Vientos:

Este fenómeno de El Niño me tiene sumamente perturbado por lo cual, comprenderás mi inquietud, acudo a ti, mi Musa de los Vientos, en busca de una explicación lo más a razón acomodada.

Se me ocurriría como explicación, que el Gran Sol, nuestra Estrella Refulgente, hubiese provocado ese fenómeno activador de temperaturas amorosas en las aguas superiores del Océano, con las perturbaciones consiguientes que nos tienen admirados.

Pero se me ocurriría, también, como creen algunos, que ese fenómeno hubiese surgido de nuestra propia Tierra, conforme a sus propias leyes y fuera, eso sí, una de las grandes manifestaciones junto desde luego con otras de la maravilla de esta creación, que culmina con el hombre, aunque para ellos sea no más que madre naturaleza.

Desde luego no hay ciencia que haya desentrañado del todo este fenómeno, por lo cual considero deberá dejarse en las dimensiones del Misterio, cuantimás en este siglo de descubrimientos sin fin que nos tienen del todo atolondrados.

Grande ciertamente es el desconcierto, Musita, y no porque ese fenómeno pueda provocar signos sorprendentes, como que los huracanes aumenten mil veces su potencia o caiga nieve en sitios nunca vistos.

Consterna en este fin de siglo y de milenio, ni siquiera encontrar explicación, aun cuando hubiera tempestades (no de arena) en desiertos de Sonora o los del Africa, o sequías en el Amazonas o en Alaska.

A como están las cosas, ni con esas señales veríamos el mensaje en el fenómeno de El Niño, perturbador como el que más, a pesar de estar en mucho nosotros perturbados; y no me refiero desde luego y tan solo a las grillas planetarias, debates sin fin de cuanta idea hayamos concebido o el desencadenamiento de los poderes dominantes de la sinrazón y el dinero.

No es que te exija explicaciones, no es mi papel, Musita, pero si tú quisieras, bien me ayudarías abriendo entendederas y los ojos en torno a este fenómeno de El Niño.

El cual según la tradición de nuestra ciencia humana, aparece por los días de Navidad y en el curso de los siglos y de siglos a veces son fuertes sus efectos como huracanes, terremotos…es sin embargo su verdadera fuerza la suavidad  con que mueve los cambios en el clima de las almas, aquellos invisibles para la simple vista.

Narciso Perturbado:

Ni aun cuando el fenómeno de El Niño hiciera caer en vez de nieve rosas o en lugar de ciclones esparciera los perfumes de todas las flores de la Tierra, encontrarías la explicación conforme a tu ciencia, tus descubrimientos y avances portentosos.

Y es que tus microscopios, telescopios y aparatos hicieron romas tus entendederas, incapaces de volar más allá de tus leyes máximas de medición, como la velocidad de la luz y encontrar las entretelas del Misterio. Pero espero un poco lo entiendas o por lo menos lo vislumbres.

Adriana, Arrianita se llama y es tu sobrina. Conoces su carita y has visto su cuerpecillo de muñeca viviente, morena como tu pueblo. Carita de Luna llena vestida a la vieja usanza, su vestidito estampado de verde y amarillo. Verde como la esperanza puesta en la semilla que germina para florecer meses más tarde en plantita salerosa que danza con el viento .Amarillo como el color dorado de la forja donde se hacen los hombres, el horno del sí mismo.

Su carita solecito mañanero acariciador de almas que tierno aún se convierte en la “cobija de los pobres”, alegría en la casa del sufrimiento, la casa de los sufrientes.

La caricia de su sonrisa, la mueca graciosa de su boquilla o el brillo cautivador de sus ojitos negros o el gesto de su pequeño rostro que aún para decir no lo dice con la gracia de la inocencia o te endilga una retahíla de balbuceos como queriendo hablar, tal vez como si su pensamiento fuera más veloz que su incipiente lenguaje.

Déjame recrear tu memoria para hablar del Angel de la Guarda que no olvidabas aún en tu infancia, puesto de centinela en tu Tierra para impedir que la locura los destruya.

Es el fenómeno de El Niño que nace, como ella cada día, por siglos de siglos, para regenerar el mundo transido de quejas y lamentos.

Esto para evitar los rezongos repetidos de ti, homo sapiens, desde aquel inicial de Caín que eludía el bulto de su hermano, hasta los actuales que en la frontera de la desesperanza repiten la misma cantilena de siempre de que “si sabías que me ibas a hacer esto, pa’ qué me creatres”.

Navidad permanente, como aquella primera en que según la hondura del texto bíblico, “quien es la Palabra se hizo hombre”.

Musa de los vientos:

Has de perdonar, Musita, pero no aprendo. No es sin embargo mi intención sobrecargarte de quejas, de lamentos, sino tan sólo formularte algunas preguntitas, de las cuales fue la primera la supradicha del fenómeno de El Niño.

Cúrome en salud, desde luego, antes de que tú te me adelantes. No preguntaré por tanto sobre la madeja de corrupción, violencia e injusticias en que nos hemos enredado en México, tu  pueblo, porque podrías replicar no sin razones—como ya reflexionan y debaten analistas—que es resultado de poderes omnímodos que perpetuaron su dominio.

Habrías de decir también que así como todos fuimos cómplices sumisos, todos seríamos solución, como se dijo. Cómo iba a preguntar, aunque respondas, por qué nuestros bosque se vuelven arenales y por qué se acabaron los tlacuaches, armadillos y siguen pereciendo las especies.

O, por qué, como dicen estudiosos, cambios de clima se avecinan si a su tiempo no los detenemos, porque podrías señalarme muchos porqués: apetito voraz de las potencias indigestas de petróleo o el hambre pertinaz de los leñeros que derriban palizadas o de quienes acaban con sabrosas y cándidas huilotas.

Mis preguntas más bien son las siguientes: ¿cuál es la razón de mi existencia?, ¿por qué las navidades se repiten?, ¿es cierto que los ángeles existen?, ¿por qué nuestros difuntos no regresan?, ¿cuál es el camino más corto para el cielo?, ¿es cierto que el amor lo vence todo?.

Narciso Inquisitivo:

De veras que atosigan tus preguntas y me extraña el rigor de su secuencia. Contesto, sin embargo, una por una, porque si no después en mí cargas la culpa.

Que cuál es la razón de tu existencia:  pues que tu Navidad de niño, cargando tu pequeña crucecita, tenga su  plenitud, o sea tu cielo, labrado por ti mismo, conforme al modelo diseñado por el fenómeno de El Niño. Por qué las navidades se repiten: para cubrir vacantes y vacantes creadas por el fenómeno de El Niño, que manda por millares y millares diariamente de ángeles y arcángeles al cielo.

Si es cierto que los ángeles existen: pues te diré que sí, de carne y hueso. Miradas relucientes como chispas de estrellitas, engarzadas en caritas redonditas, como la Luna Llena del fenómeno de El Niño.

Por qué nuestros difuntos no regresan: pues porque de verdad nunca se han ido, como tampoco se retira de nosotros el misterioso fenómeno de El Niño.

Y cuál es el camino más corto para el cielo: pues entrar en el ojo del huracán provocado por el fenómeno de El Niño. Mírate en los lucerillos de sus ojitos negros, verdes, azulados o castaños. Recréate maravillado en su carita de Luna Llena: resplandores de esperanza.

Acepta su chispeante sonrisita, mensajera suave y amorosa de Papá Diosito, o si prefieres caricia por siempre bondadosa de Mamá Diosita, que te invita con ella a la esperanza. Para que tu mundo nunca jamás se hunda en la penuria, en la injusticia. Y la casa que es del sufrimiento explote hoy, mañana en reluciente mansión del paraíso. Eterna, permanente Navidad que te sugiere, el misterioso fenómeno de El Niño.

Si es cierto que el amor lo vence todo: pues pregúntale con ganas al perenne, por siempre milenario, fenómeno de El Niño…JESUS, del JESUS NIÑO.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 2B-3B, 21/XII/1997.)

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

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Una respuesta

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