Sahuayo, 2. Benjamín González Oregel

S  A H  U A Y O

Puebleando . Espíritu comerciante y aventurero

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

     (Segunda, de dos partes)

Sahuayo de Morelos, Mich.–  Cuando se habla de la gente de esta ciudad, se trata de gente muy emprendedora, que lucha. Arrojada, conocedora de sus defectos y virtudes, ha fomentado y disfrutado de su espíritu aventurero. Para los nacidos aquí, nada es  imposible. Por eso la inquietud que ha surgido, en el corresponsal, ante el desconocimiento, entre la generalidad de los habitantes de la ciudad,  del mayor artista plástico nacido en esta ciudad.

Unos sí, otros no

Los nombres de: Alfredo Gutiérrez Magallón, compositor y violinista, de la Orquesta Sinfónica de México;   Demetrio Rojas, director del primer periódico semanario publicado en Sahuayo, “La Verdad”; del presbítero  Felipe Villaseñor (1876-1962), quien fue benefactor de la población de Sahuayo: encabezó la construcción de una presa para dotar de agua a la población, gestionó la introducción del drenaje donó el terreno para la edificación de un convento  para las religiosas Dominicas y apoyó a los salesianos para que establecieran la Escuela de Artes y Oficios; el de  don Felipe Arregui, quien colocó la primera piedra de la Parroquia del Sagrado Corazón y fue el encargado de levantarla con sus tres altares y parte del decorado; el de   José Sánchez Villaseñor, filósofo y maestro, fundador de la Universidad Iberoamericana, además de escritor; así como el del   Ing. José Luis Arregui, Benefactor del pueblo de Sahuayo, no son desconocidos entre los habitantes del lugar.  En cambio,  sí lo son los de la actriz Lilia Prado y el del cantante Emilio Gálvez. Ambos, fallecidos recientemente.

En el campo de la política, indiscutiblemente que el sahuayense que ha alcanzado mayor estatura, es el ex seminarista y actual diputado federal, Alfredo Anaya Gudiño.

Pujanza económica

Este municipio, vecino de Cojumatlán de Régules, Venustiano Carranza, Villamar, Jiquilpan y Ornelas de Marcos Castellanos, rezuma pujanza, cuando se habla de la actividad económica. Sus hijos muestran, como otra de sus cualidades innatas, un frenético deseo por la superación en este campo. Entre los aquí nacidos, desde hace décadas, se ha popularizado la versión de que, cuando los estadounidenses alunizaron, grande fue su sorpresa. Encontraron a un grupo de sahuayenses que promovían sus productos. Estos les habrían ofrecido a los astronautas huaraches, mezcal, sandalias, carnitas y sombreros de palma. Y este cuento los enorgullece. En todo sitio concurrido, de cualquier ciudad grande, se encuentran establecimientos donde se ofrecen las carnitas de este lugar. Aunque, en no pocas ocasiones, la seriedad y calidad de lo que ofrecen sea puesta en entredicho.

La agricultura, sobre todo en las cercanías de lo que pertenece a la Ciénega de Chapala, aporta una buena porción de fuentes de empleo. Se cultivan, en esos terrenos, verduras y semillas: maíz, sorgo y frijol. En los terrenos altos, la crianza de ganado vacuno encuentra paninos adecuados para su explotación. La industrialización de la leche, que aquí se produce en gran cantidad, desde los tiempos de la Colonia, ha abierto oportunidades de empleo a los vecinos. Producen quesos, crema, yogures, chongos, cajetas, y caramelos. Lo que les permite obtener  un plus más.

Industria y comercio

Desde hace muchos abriles, en esta ciudad, una de las ramas que mayor brillo ha le ha dado, ha sido la fabricación de sombreros de palma. Se teje todo tipo de estilos y en diferentes calidades. En la actualidad, no menos importante ha resultado la industria del huarache. Un producto que, en cualquier lugar de la República se encuentra. Se dice, en este caso, que esta prenda también se exporta, sobre todo a los Estados Unidos, Canadá.  “Hasta a China los hemos mandado. Aunque de allá nos los regresan modificados, chafas pues”, dice con sorna un vendedor de estas prendas,  mientras se dispone a levantar el puesto en el que realiza su diario comercio.

Las damas, por su parte, no son mancas ni pierden el tiempo: confeccionan adornos florales tejidos a mano.

Las carnes, de cerdo y res principalmente, también tienen un sitio preferente entre los industriales del lugar. Embutidos como el chorizo, el queso de puerco y el jamón, tienen buena acogida entre los que gustan de estos bocadillos. Los encurtidos, no faltan en las mesas de los centros botaneros y mesas hogareñas.

De verdad, se trata de gente muy emprendedora, que lucha. Y lo mejor,  ha sabido conducir sus negocios. En sus bodegas y mostradores es posible encontrar  lo que se busca; por extraño y raro que sea el artículo apetecido. Siempre con ideas de avanzada, desde hace  años, por estas decembrinas fechas, se organiza una Expoferia, lo que habla del espíritu emprendedor de los habitantes de esta tierra. Aunque la fiesta más importante es la que se celebra en honor al Apóstol Santiago, patrono de la ciudad. Esto se da entre los meses de Julio y Agosto. Los días grandes, empero, son el 25 del séptimo mes, y el 4 del octavo. En memoria y honor del Matamoros, entre los romeros destacan los Tlahualiles, danzantes que han dado fama al catolicismo local.

La migración

Sahuayo,  como todas las comunidades de la región, padece los efectos de la migración –los buenos y los otros–, y recibe las visitas de sus hijos ausentes, principalmente durante la festividad mayor, la de julio-agosto, aunque, dicen los vecinos, que la diferencia, en cuanto a números, no es  excesiva, con relación a la festividad decembrina. Porque aquí, durante las fiestas guadalupanas, los sahuayenses radicados en los Estados Unidos, toman un día del decenario bajo su responsabilidad. Como lo hacen los gremios de los locatarios del mercado, el comercio del centro, los ladrilleros, los huaracheros, etc.

Sin embargo, a partir del primero de diciembre, el barrio del Tepeyac viste el traje de luces, rematado por el sombrero galoneado. Las celebraciones diarias, durante el duodenario, comienzan con la misa, a la que siguen las mañanitas, en las primeras horas de cada uno de los doce días. Las procesiones son por las tardes, antes de las misas solemnes. Y, en la calle, los juegos pirotécnicos y las fiestas lúdicas rematan cada verbena.

Reconocen,  que dadas las circunstancias y problemas que aquejan a las economías de ambos países, el número que esperan se ha visto mermado. Sin embargo, subrayan, “la más arraigada es la del Patrón Santiago”.

Cultivan, también la cultura

Pero no sólo el dinero atrae a los aquí nacidos. Gustan de cultivar la cultura y de conservar la unidad arquitectónica, sobre todo en el primer cuadro de la ciudad.  Aquí, además de la existencia de lujosos fraccionamientos y amplias avenidas, abre sus puertas  el Museo Regional de Arqueología, que nos acerca a un pasado que nadie quiere enterrar. Cierto, hay construcciones chapeteadas de cantera, sobre todo las más recientes, pero también es posible admirar las que fueron levantadas a partir de la misma piedra, hace ya lejanos tiempos. Se cuentan  varios monumentos arquitectónicos entre los que están: la Parroquia de Santiago Apóstol, el Templo del Sagrado Corazón de Jesús, la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y el monumento a Cristo Rey.

Entre la veneración y algo más

Como no se trata de gente malnacida, los monumentos y esculturas,  construidos y erigidos en cualquier sitio de la mancha urbana,  nos recuerdan que el paso de las personas que han dejado honda impronta, no puede olvidarse. Los hay en recuerdo del  padre Enrique Méndez. Sacerdote diocesano, originario de la ciudad, en cuyo nombre  se ha erigido una estatua, a un costado de la iglesia, pero en el atrio de la parroquia del Apóstol Santiago, patrono del lugar. De fray Juan de Zumárraga, en el atrio de El Santuario. De Lázaro Cárdenas del Río, sobre el boulevard que lleva su nombre. Por citar algunos.

Sin embargo, hay un dato revelador y contradictorio: los sábados, de todas las semanas del año, el comercio establecido cierra sus puertas. Cuando son cuestionados sobre la tradición de no laborar los sextos días de la semana, costumbre judaica, comentan que han sido alertados sobre este hecho. Advierten, que es una práctica heredada, desde hace muchos años; y que, para ellos, no hay nada qué ver con las  usanzas y creencias del judaísmo.

Platillos y amistad

Aparte de las carnitas, que aquí se preparan de manera muy propia, particular, porque “son hechas del día, porque todo se termina el mismo día. Además, entre los rasgos que las hacen diferentes de las de Uruapan, Quiroga o Paracho, por poner ejemplos, destacan el color –claritas–, mientras que las de allá son oscuras, lo que da la pauta a pensar que allá las recalientan. También hay diferencia en el sabor. Destacan, además,  los distintos estilos de birria que se ofrecen: birria tatemada, “que aquí la cocemos en brasas y se calienta en vapor, y el sabor que adquiere es diferente. Así sea de chivo o ternero”, señala el propietario de la birriería Mario, sita en el interior del mercado municipal.   Optimistas por regla general, los comerciantes aseguran que la pérdida en el poder adquisitivo de nuestra moneda, se refleja en las ventas que, desde hace tiempo, han registrado. Tacos placeros y fritangas, se encuentran en todos lados. Esto, en medio de  sana alegría, porque “somos, sólo borloteros”, afirma una dama.

Los habitantes de esta incansable población invitan a los lectores de Guía para ofrecerles “alegría, pachanga, y mucha amistad. Somos gente amable, con todo mundo”, afirman.

Autor: Benjamín González Oregel

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