Santiago Tangamandapio. Benjamín González Oregel

(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México. www.semanarioguia.com.mx )

Puebleando*  Santiago Tangamandapio

  BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Pueblo amistoso, tranquilo y laborioso

corresponsal

El municipio de Tangamandapio se encuentra enclavado sobre una superficie de accidentado relieve, al noroeste del estado de Michoacán, enmarcado por las crestas de los cerros de Chavinda, La Lagunilla, La Loca, El Comalito, El Cerro Blanco, El Cerro Prieto, Los Cuates y el de Patambam, allá, al oriente, donde el macizo montañoso de la sierra de Tarecuato, que divide el territorio del municipio, se pierde y confunde con la segunda montaña más alta de Michoacán.

Para la mayoría de los habitantes del municipio, el origen del nombre (Tamanda-angatapu, que significa “Tronco seco que permanece de pie en el agua”) se debe a la existencia de un hermosísimo y altivo ahuehuete que se levanta, sereno y altivo, para sombrear a un magnífico ojo de agua, El Ojo de Agua Grande,  cuyos veneros de cristalinos líquidos proveen de agua potable a la mayoría de la cabecera del municipio. Título concedido por Calos V, allá a finales de la década de los 20´s, pero del siglo XVI (si la memoria no falla, el nombramiento fue fechado en España, el 19 de noviembre de 1529).  Es claro que a los nativos del lugar los evangelizaron los agustinos, como lo fueron todos los vecinos de Tarecuato.

En el municipio, que ocupa unos 316 kilómetros cuadrados, deben habitar unos 27 mil habitantes. En Santiago Tangamandapio –tal vez un poco más de 11 mil–, buena parte de los vecinos se ocupa en labores del campo: agricultura y ganadería. De aquella, los granos: maíz, sorgo y garbanzo, ocupan los sitios de honor; aunque de siempre, los hombres del campo han procurado ser autosuficientes en cuanto al cultivo y a la producción de frutales  y hortalizas.

Justo es hablar, en estas líneas, que en este apartado,  en estos días, en buena parte de lo que fueron las propiedades de la antigua hacienda de Jerusalén, en lo que ahora forma parte del ejido de Jerusalén, se invierte en un proyecto agrícola que, si bien proveerá de fuentes de empleo, ha comenzado a provocar escasez de agua en algunos pozos profundos que existían antes del nacimiento del programa que inicia. Se ha perforado casi a discreción, según indican algunos de los afectados.

Por cuanto al ramo ganadero, Tangamandapio lo ha sido, de siempre, por las condiciones orográficas. Con un hato  –con unas 20 mil cabezas de vacunos–  en el que los productores han procurado combinar la producción lechera con la cárnica, el municipio aporta un gran porcentaje de lo que producen quienes a ello se dedican. Sin embargo, no han sido capaces de industrializar sus productos, con lo que verían aumentados sus ingresos.

La industria textil, por otro lado, no pasa por sus mejores días. Los talleres, que alguna vez colocaron al municipio por encima de ciudades como La Piedad, en el sitio de honor estatal, luego de las devaluaciones ocurridas durante el zénit del priato, devinieron tristes sitios en los que se confeccionan las prendas que les ordena el gobierno del Estado, comprador casi absoluto de lo que aquí se termina. Todo, tras el oxigenante soplo que dio la administración que encabezó el antropólogo Lázaro Cárdenas Batel.

Además, un buen número de quienes aquí habitan, se dedican a una actividad nueva en este lugar: las ventas  a domicilio, pero en pagos en abonos.

GENTES ILUSTRES

Hablar de los habitantes de Santiago, es hablar de un pueblo amistoso y tranquilo, a pesar de la fama que les han querido endilgar en los recientes tiempos. En esto, la educación ha jugado importante papel. Santiago Tangamandapio fue la cuna que vio nacer a grandes educadores. Aquí vinieron al mundo gentes como el maestro Luis Ochoa Vega, modesto –así vivió y murió– apóstol que comenzó su caminar en la comunidad chavindense de La Esperanza, y que llegó a formar parte del gabinete de José López Portillo, al ocupar la subsecretaría de Educación, pero luego de haber dirigido la educación en San Luis Potosí, durante 12 años. Como también lo fue de don Serafín Contreras Manzo, educador y sempiterno director de la normal urbana de Morelia, que hoy lleva su nombre. Ambos, seguramente fueron discípulos del ilustre  profesor Miguel Ramos, en cuyo honor hay una calle que lleva su nombre  en este rincón michoacano.

Algo deben tener las dulces aguas que brotan en este Santiago Tangamandapio –hay 4 ojos de agua en el poblado; además del Ojo de Agua Grande, antes mencionado, se cuentan el del Barrio, el  de la Calle Chica y el de La Peñita–. Al pie de este último, vieron la luz el presbítero don Jesús Cortés Medina y su hermano Amador  –además de los también sacerdotes José y Alfonso, de los mismos apellidos–. Aquel, fundador del coro de los Niños Cantores de Monterrey, que ya se apresta a celebrar sus primeros 58 años de vida. Este, reconocido tenor y maestro de canto del propio grupo, y actualmente dedicado a la enseñanza en Lisboa.

Pero en Santiago no sólo rancheras se cantan. Aquí nacieron y crecieron, tanto Eulalio Torres, como Melquiades Guzmán. El primero, gran guerrillero cristero. El segundo, uno de los primeros agraristas del Estado –encabezó al grupo que fundó el ejido de Santiago, el año de 1926–  y, de quien se decía era uno de los más cercanos al general Lázaro Cárdenas del Río, en la región.

CELEBRACIONES RELIGIOSAS

Santiago Tangamandapio está de fiesta, en estos días. Las celebraciones, con novenario  y procesiones como marco, culminan el 25 de de julio. Santiago es un pueblo fiestero. Todo el mes de diciembre, con 4 días de descanso tras el 12 del mes, hasta el 16, se desgrana entre alegrías. Mucha relevancia, sin embrago, han alcanzado las celebraciones de Semana Santa. Las procesiones y festejos propios de esas fechas provocan y convocan a miles de fieles y visitantes.

Quienes pueden disfrutar de los platillos que artesanalmente preparan los lugareños: los tacos de Fer, las enchiladas de doña María y doña Josefina, las carnitas y chicharrones de Carlos, los buñuelos de Josefina la de Cheo, o los tamales amarillos y las riquísimas toqueras; y hasta la exquisita miel de abeja.

O si prefiere algo más fresco, ¿por qué quedarse con las ganas de disfrutar con las delicias que proporciona, un pepino recién cortado, o el jugo de una caña sacada del surco?  Sobre la carretera los ofrece gente noble y sincera.

* En esta ocasión, cedo el lugar, por  iniciativa propia, a nuestro corresponsal y amigo, quien, además, es originario y vecino del pueblo que narra. (AS.)

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