La Cantera, Tangamandapio. Benjamín González Oregel

(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México. www.semanarioguia.com.mx )

Puebleando  Queremos rescatar nuestras  raíces

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Las cosas buenas empiezan con  poco, pero con mucha voluntad

La Cantera, Mpio. de Tangamandapio, Mich., 14 de octubre del 2012.–   “Queremos rescatar nuestras raíces”, señala, enfático, quien parece encabezar el grupo de “encargados” para la organización de la próxima fiesta de esta comunidad.

Señala que pretenden reactivar el gusto por la danza y por las pirecuas. Queremos darle oportunidad a la gente que sabe declamar en purhépecha. Y que, para ello, se han dado a la tarea de organizar, de 2 años a la fecha, un festival en este centro poblacional. No tan ostentoso como el de Zacán, advierte. Pero considera que las cosas buenas empiezan con poco, pero con mucha voluntad, precisa.  Esto se realizará el año venidero, el 2 de febrero. Esperan contar con pireris (cantantes de pirecuas) de aquí, con bandas de aquí.

Madrastra

Por el aspecto que muestra esta comunidad,  nos queda la idea de que a ésta, la menor de las 2 tenencias con que cuenta el municipio de Tangamandapio, se le ha dado el trato que, cuentan, se brinda a las hijastras. Y esta entenada, callada y sumisa, parece aceptar con docilidad lo que la madrastra –la cabecera del municipio–  ordena, dispone. El olvido y el abandono en que la han tenido las administraciones municipales, casi desde siempre, se puede ver en todos los barrios, pero sobre todo en el barrio El Frío, donde las calles polvorientas se desprenden de la carretera que comunica a Jacona con Los Reyes, para comunicar a un desordenado caserío, que se pierde, a veces, entre promontorios y  maleza. Esta condición no ha terminado en la parte alta, a pesar de que hay vías cubiertas con concreto hidráulico, pero sin banquetas. Esto, probablemente por la ausencia de simetría en el trazo de las arterias que se descuelgan, en anárquicos y retorcidos viajes, desde lo alto de la montaña que da el nombre al poblado.

Parcos y desconfiados ante los desconocidos –como es mi caso–, los habitantes consideran que  el actuar de los presidentes municipales ha sido desigual. Los ha habido de “buen corazón. Y otros que ni caso le hacen  a uno”. Ha habido de todo.  Hoy en día, “él (el presidente municipal) pide para ayudar a los viejitos y a las mamás de los alumnos. Orita estamos más menos bien, como quien dice”, con Juan Campos. “Quién sabe más pa´delante”.

Por toda la población, hay rasgos que dejan ver que el reloj hace tiempo detuvo su marcha, a pesar de que la influencia modernizadora es muy fuerte –las casas de tabique y concreto superan, en mucho, a las de adobe y teja–.  Lo que no se ha perdido es la impronta dejada por los franciscanos, primeros evangelizadores de los nativos –seguramente Fray Jacobo Daciano pasó mucho tiempo entre los primeros habitantes–, sobre todo en la parte del centro de la tenencia. Tanta es la influencia marcada que, con frecuencia, uno parece estar en la vecina Tarecuato. El atrio y los portales son una prueba de este aserto.

Del cortometraje a la pera

Hace algunos meses el cineasta zamorano Adrián Ortiz Maciel, hijo de nuestro compañero de páginas y mejor amigo, el arquitecto don Víctor Manuel Ortiz, nos anunció la proyección de un cortometraje llamado La Cantera.  Invitó a su a estreno, que se verificaría en la misma localidad. Ignoro cuál fue la respuesta de los habitantes del poblado, como el tema que trató el profesional del cine.

Una de las cosas que echa uno de menos, cuando visita esta comunidad indígena, es la dulzura y sabor de la pera que aquí se producía. Los ancianos recuerdan, con nostalgia, que se llegó a realizar una Feria de la Pera. “Pero se secaron esos árboles y se acabó”. Se secó esa variedad, única en su tipo y género, como también sucedió con los dueños, dicen, “se hicieron viejitos, también se secaron y los nietos no hicieron caso y casi se acabó”.

Los jóvenes, que nunca vieron ni supieron de lo que fue la Feria, aseguran que les duele no poder opinar acerca de esos eventos. Esperan que la variedad del fruto referido –cuya calidad era mejor que la que producen  los valles californianos de Lake County y Courtland, la pera Barttlet–,  con el paso de los años, pueda ser rescatada pues quedan algunos árboles y predios en los que se cultiva dicho fruto.

De sus bosques

En la comunidad se resiente la tala indiscriminada de que han sido objeto los bosques. “Se acabó el monte por aquí, completamente”, afirman con un dejo de tristeza.  Para muchos de los ancianos, sería mejor contar con pinos y encinos que con  huertas de aguacate. “Más antes estaba bonito por aquí, por ondequera, el monte. Orita todos (los montes) están pelones. Orita, en vez de plantar los pinos chiquitos, así –y lo señala con su mano–,  más bien andan tumbando pa´hacer más huertas”. Los propietarios, los nuevos, tienen que invertir en la construcción de estanques para regar sus árboles. Aunque, señalan, aquí no se necesita mucha agua, porque es tierra muy húmeda. “Sí se ocupa agua, pero no tanta” como la que requieren otras tierras. Pero eso sólo lo pueden hacer los que tienen dinero, los de aquí no podemos, porque “estamos jodidos”.

Reconocen, sin embargo, que los aguacateros han sido una buena fuente de empleo para los jóvenes del pueblo, aunque éstos tengan que salir a trabajar a otros poblados como Tingüindín.

Otra de las formas tradicionales de trabajo lo era la hechura de zindonguas, con las fibras del maguey. Material muy apetecido por quienes tejían sillas o muebles con estructura de madera. Pero una de las principales fuentes de ingresos la encontraban en la explotación de sus montes. Cortaban leña. La que vendían en Jacona, Zamora, Santiago y Chavinda. En la actualidad, las mujeres cocinan con leña,  primordialmente. Pero la compran  a quienes se dedican a esta actividad. Con una variante: ahora ya no se conviene el precio por cargas de bestia. Se vende y compra por metros cúbicos. Quienes a esto se dedican, lo hacen con más facilidad que antes, al contar con motosierras para cortar la madera, antes de utilizar el hacha para rajarla. Pero la leña está muy escasa, afirma el anciano, que se niega a dar su nombre.

Entre suspiros, el entrevistado recuerda que cuando joven cortaba leña y la llevaba a vender a Jacona  y Zamora. Pero esto lo hacía terminado el cultivo de la tierra, en la que utilizaba yunta de bueyes.

Jornaleros,  profesionistas y la moda

Aquí, en menor proporción, también se ha dado el fenómeno migratorio. Con una singularidad: hay muchos nacidos aquí que han  mudado su residencia a poblaciones cercanas: Ario, Zamora, Jacona, La Esperanza, El Tepehuaje, por citar algunas. Sitos en los que han encontrado la forma de ganarse la vida, sobre todo como jornaleros, en labores  del campo. Pero también, por fortuna, quienes los contratan, vienen por ellos, cada mañana, los llevan a los sembradíos de zarzamora y fresa –principalmente–,  a Los Reyes, Peribán, Zamora y Jacona. Y los regresan al terminar la jornada. Con ello han mitigado la sangría y las penurias que causa la migración.

De un tiempo para acá, el número de profesionistas, maestros e ingenieros agrónomos –particularmente–, se ha incrementado. Pero lo que se ha convertido en la mayor fuente de empleo son las plantaciones de aguacate, que requieren de poda, cultivo y cosecha cada zafra.

La crianza de ganado vacuno, poca importancia ha tenido en la economía del lugar, principalmente por la escasez de agua. Como acontece en todos los pueblos de la Sierra, cada domingo se realiza el día de mercado. El espacio donde se reúnen comerciantes y clientela,  es la placita del lugar. Que hoy luce tapizada de mantas y plásticos para protegerse del sol, que  cae implacablemente.

Por fortuna,  los habitantes de esta comunidad han encontrado una nueva forma de conseguir dinero y trabajo: abundan las bandas de viento, ahora tan de moda.

El único, Alfredo Victoriano

Hace unos meses, con bombo y platillo, se anunció e inició la apertura de un camino que uniría esta tenencia con la cabecera del municipio. La primera etapa, empero, se dio durante la administración que encabezó el profesor Alfredo Victoriano Mateo, quien abrió y cubrió con material de greña la naciente ruta.  Sin embargo, durante el gobierno de Miguel Amezcua Manzo se amplió la vía y se cubrió con asfalto hasta la altura del rancho de La Palma. Faltan por recubrir unos 7 u 8 kilómetros para la terminación de la nueva carretera.

Entre los habitantes se recuerda con gratitud  la administración de Victoriano Mateo –el único nacido aquí que ha ocupado la presidencia del municipio–. “El hizo mucho por nosotros, porque tiene nuestra sangre. Si fuera de otra gente, no nos hubiera ayudado”—señala nuestro acompañante–.

“El hizo muchas obras, cuando estuvo en la presidencia del ayuntamiento. Porque como que este PRI  no quiere pues ayudar”, indica otro  anciano que, sentado sobre una banca de concreto, escucha la conversación luego de salir de misa.

Para abastecer de agua potable a la población se cuenta con 3 fuentes: un pozo profundo que se localiza en las cercanías de La Palma, otro que ubica detrás de la montaña que da el nombre a la población. Así como del manantial que brota en la vecina Querénguaro. Y así  no se cuenta con el servicio diario. Porque cuando falla la “bomba, duramos hasta 15 días sin agua”. Y esto ocurre con frecuencia. “Por el agua, sí estamos jodidos”, señala el anciano indígena. El ojo de agua que existía a la salida del caserío, rumbo a Tarecuato, se secó. No da agua todo el año.  El clima, en este pequeño pueblo, es envidiable, durante todo el año.

La Patrona, la fiesta

En lo religioso, los fieles son atendidos por el párroco de Tarecuato. Así ha sido siempre. La feligresía nunca ha tenido la fortuna de contar con un sacerdote de pie. La patrona del poblado es la virgen de Guadalupe. Pero, aquí, la Morenita del Tepeyac luce el atuendo propio de las mujeres nativas. Y se encuentra resguardada por su Hijo, colgado de la Cruz. La fiesta se realiza el 12 de febrero.  Por lo que se ve, la nueva iglesia, que se encuentra hacia arriba, a un costado de la actual, al parecer bajo la mirada y dirección del ingeniero Rogelio García Tortoriello, tardará en ser inaugurada.

Curiosamente, para esta festividad, a pesar de la abundancia de grupos musicales, siempre se contrata a bandas de otros lados. Y es que  los jóvenes, que son los que mandan, prefieren conocer y disfrutar a,  y con,  otras bandas. Para esto, se nombra a un comité, integrado por representantes de los 3 barrios del lugar: El Centro, La Loma y El Frío. Todo mundo le entra, con su cooperación. Esta ocasión, según los representantes, la cuota es de 900 pesos por jefe de familia.

Entre los platillos típicos de la comunidad, se encuentran la birria, el churipo, las corundas, y los atoles, entre los favoritos de los vecinos. El pulque, según cuentan, es una costumbre que poco a poco se pierde, a pesar de que es una bebida “saludable y natural”. Sólo queda uno que  lo pone a fermentar, aseguran. Pero han recuperado el paqueso, una golosina que se prepara con trigo molido, en metate, al que se le mezcla piloncillo. ¡Delicioso!

Nos  anima la buena voluntad

Por  afortunada coincidencia, pude encontrarme con un grupo de jóvenes que, calle abajo, visitaba a sus vecinos. Una vez abierta la puerta por quienes allí habitaban, se introducían. Se trataba de los “encabezados”, quienes han sido designados para la organización de la fiesta que habrá de darse en febrero próximo. Buscaban  dar a conocer a los habitantes que los trabajos han comenzado. La fiesta se hace, cada año, gracias a la cooperación de todo el pueblo. Hay, por costumbre, una cuota que se fija, “junto con las autoridades”.

La disposición de la gente es buena, afirman los encargados. “Es lo que nos anima. Por eso siempre hay voluntarios. Hoy hemos recorrido casi medio barrio y toda la gente ha respondido muy bien. Toda la comitiva visita casa por casa, para informar qué es lo que se ha de contratar para esos días. Les decimos cuál es el costo de la pólvora, de las bandas contratadas. Todo se hace por escrito”.

Y lo explican así: mientras la gente coopere, tenga voluntad, se hará. Una ventana que les ha ayudado mucho, es la estación radiofónica de Cherán, la XEPUR, ya que los comunica con todas las comunidades vecinas y las de la Meseta Purhépecha. Les interesa, aseguran, que todo mundo sepa que tienen cultura y que pueden hacer las cosas bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: